Berlusconi, furioso tras la suspensión de su inmunidad: "Gracias a Dios que estoy yo"
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Silvio Berlusconi.
"No se trata de un gesto improvisado. Decidió oponer la propia legitimidad electoral a la de las instituciones, que considera no legítimas por no haber sido elegidas a través del voto directo", sostiene en un editorial Il Corriere della Sera.
Il Cavaliere, como suele ser llamado, se considera el "único representante legítimo de los italianos" gracias al apoyo de las urnas y de los sondeos, que le otorgan, según sus propias encuestas, el "70% de popularidad", escribe el diario.
Una popularidad que según los sondeos de la prensa de oposición ha disminuido en los últimos meses por escándalos sexuales hasta caer a 47% en septiembre pasado.
"Desprecia las instituciones y el parlamento y sólo mantiene el diálogo con los italianos a través de sus propios canales de televisión", comentó el diputado de izquierda Luciano Violante.
"La violencia de los ataques lanzados por Berlusconi son una señal de fragilidad", explicó Giacomo Marramao, profesor de filosofía política en Roma.
"Es como si dijera: el Estado soy yo y nadie más", comentó Marramao.
El experto descarta sin embargo una movilización masiva a favor del millonario político en un momento tan delicado, marcado también por los recientes escándalos que ha protagonizado por sus fiestas con prostitutas de lujo y menores de edad.
Berlusconi corre el grave riesgo de perder el poder si la justicia italiana lo condena por el soborno del abogado inglés David Mills cuando se reanude el juicio pendiente.
"Se abre una fase de nuevas batallas judiciales entre los defensores de Berlusconi y sus acusadores, lo que podrá durar mucho tiempo", comentó Maurizio Bellacosa, docente de derecho penal de la universidad católica romana Luiss.
La inédita ofensiva de Berlusconi suscita malestar en algunos sectores políticos de la mayoría gubernamental de centro-derecha así como en la oposición de izquierda.
"Tiene el deber de respetar la Corte Constitucional y al jefe de Estado", declaró el presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, aliado y hasta delfín de Berlusconi.
Se trata de ataques "inadmisibles" que reflejan "tendencias autoritarias", clamó por su parte la izquierda.



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