Bolivia: ¿quién gana?
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Dinamita en cascos y dedos ayer de amotinados bolivianos mineros. El «hombre bomba» es una amenaza que hacía tiempo
no retornaba al país del altiplano. En el pasado, las inmolaciones latentes no pasaron de eso, de amenaza. Pero impresionan
en un país hoy caotizado.
Si gana Tarija con Cossío, Bolivia estaría más cerca de la Argentina, para lo cual también invoca el referendo de las autonomías.
Si, en cambio, hay elecciones este año, podría ganar, aunque apretadamente, el principal de los dirigentes de las barricadas y los disturbios, Evo Morales, sustentado hoy por el presidente Hugo Chávez, de Venezuela. Para no ser otro mandatario con Poder menguado por el caos o tener dominio sobre sólo un retazo de Bolivia, Morales quiere que haya una votación para constituyentes antes de las elecciones para presidente.
Si el dirigente cocalero lograra una nueva Constitución -los disturbios hoy son para la Constituyente, aunque se escuden mucho en nacionalizar las fuentes energéticas-, los rebeldes de barricadas eliminarían el referendo que impulsan los de Tarija y Santa Cruz. Si cae el plebiscito autonomista, cruceños y tarijeños pasarían a sustituir a los que protestan hoy porque recursos para tal tarea no les faltan.
Todo conduce al caos -y «los muertos están cerca», como admitió un periodista en estos días- por la absoluta imposibilidad de solucionar tantos enfoques en pugna. Sin Santa Cruz de la Sierra y sin Tarija, la «Bolivia residual», sin las zonas ricas, sin los departamentos, con más gas y más petróleo, sin salida al mar, podría terminar sustituyendo a Haití como el «país» más pobre de América. Y seguiría el caos. La diferencia hoy con Haití es que Bolivia pisa riqueza subyacente, pero si se le autonomizan sus departamentos o provincias más ricas, todo cambia.
La belicosidad del boliviano -tierra de mineros, dinamita y hambre, mezcla explosiva sin duda- hace casi imposible soluciones pacíficas desde la ONU, tipo el país caribeño.
¿Quién gana a mediano plazo? Puede comenzar a pensarse que Brasil. No es país dependiente tanto del gas boliviano como la Argentina (pese a su gran industria, la nación más grande de Sudamérica no tiene el frío que exige calefacciones). La diplomacia y la imagen presidencial externa -inclusive hacia Bolivia- es más sólida desde Brasilia. También Brasil prevalecerá en el dominio energético, porque sus simpatizantes, los de Santa Cruz, tienen las principales reservas de combustible -el llamado «oriente petrolero boliviano». En cuanto al gas que subyace en Tarija, donde se inclinan hacia el vecino sureño la Argentina, Brasil tampoco sufriría aumentos de 18% a 50% entre regalías e impuestos no deducibles, y hasta 160% en productos derivados, como quedó establecido en la sancionada Ley de Hidrocarburos.
Simplemente porque la estrategia brasileña, desde su Cancillería (Itamaraty), aconsejó y obtuvo que por años pagara el gas como todos los extranjeros, pero su importación no alcanzó la mitad de lo firmado. El resto se lo deben al «precio anterior». Además, tiene la principal empresa extranjera energética que opera en Bolivia: Petrobras.
Acrecentar el poder en gas y petróleo de Brasil, como podría emerger en definitiva de este actual caos boliviano, terminaría de confirmarle al vecino el dominio de Sudamérica.
Incluido sobre la Argentina y sobre la dependencia gasífera de Chile. Sólo al venezolano Chávez no le importa quién domine los combustibles en la región.



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