Los militares cuestionan a Guedes y agravan la crisis de Bolsonaro

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La pelea se centra en torno a las medidas para apuntalar la economía. El ministro ultraliberal aceptó un mayor gasto público, pero para los uniformados es insuficiente. Además, buscan lubricar la relación con el Congreso. ¿Otra renuncia a la vista?

La situación de Brasil no podría ser más comprometida. El desastroso manejo de la pandemia de Covid-19 ya tiene al país como uno de sus principales focos mundiales, el impacto económico de la emergencia deteriora las expectativas económicas y las peleas del presidente, Jair Bolsonaro, mantienen al Gobierno enfrentado con casi todos los factores de poder del país y sujeto a la amenaza de un juicio político. Ahora se suma un runrún que inquieta al mercado financiero: ¿renunciará el ministro de Economía, Paulo Guedes, garante de las reformas ultraliberales?

El tema ya está instalado en el mercado y en los medios, por más que el propio interesado haya desmentido la versión. Sin embargo, quienes siguen evocando esa chance hablan de una pérdida de centralidad de la agenda reformista y críticas cada vez más fuertes del ala militar al manejo de la economía, por considerar que el esfuerzo presupuestario para mantener a flote a empresas y trabajadores debería ser mayor que el que el funcionario habilita.

En medio de las crisis superpuestas que agrietan su gestión, Bolsonaro se sostiene, como dijo el lunes Ámbito Financiero, gracias al apoyo de su núcleo social duro, superior al 30% según diferentes encuestas; al respaldo del mercado financiero debido a la confianza que le inspira la figura de Guedes; y al concurso del sector militar, que no deja de ganar cargos e influencia. La interna entre los uniformados y Guedes resulta peligrosamente corrosiva para el ultraderechista, ya que enfrenta a dos de sus principales respaldos.

Una eventual renuncia de Guedes no solo significaría la pérdida de confianza de un sector con mucha capacidad de desestabilización. En efecto, el mercado teme que Bolsonaro deba cambiar, como le pasó en su momento a Dilma Rousseff, su plan económico por cierta estabilidad, un trueque que nunca augura finales felices. Por otro lado, reforzaría la imagen de aislamiento del mandatario tras las recientes salidas de Sergio Moro del Ministerio de Justicia y de Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich del de Salud Pública, estos últimos en apenas 28 días.

A pesar de haber seguido procesos de aislamiento social menos rígidos que los aplicados, por caso en la Argentina, y de que estos hayan tenido un seguimiento mucho más laxo debido, en buena medida, al boicot del propio presidente, la economía brasileña sufrirá en grande los efectos del Covid-19. La encuesta semanal que el Banco Central realiza entre analistas y bancos de referencia, el informe Focus, indica un acelerado deterioro de las expectativas. Según su última edición, conocida el lunes, el mercado proyecta que el PBI caería 5,12% este año, un punto porcentual por encima de lo calculado apenas una semana antes y más de tres que hace cinco. Así, esa previsión promedio converge de a poco con lo calculado por grandes bancos de inversión internacionales, que elevan la recesión a, por ahora, un máximo de 7,4%.

La combinación de un mayor gasto para atender la emergencia y una caída de ingresos debido a la recesión resulta letal para los afanes fiscalistas de Guedes. Este ha dicho que no va a faltar dinero, pero ya empieza a sentarse sobre una caja que este año dejaría un déficit primario (antes del pago de deudas) de cerca del 9% del PBI, de acuerdo con proyecciones del propio Gobierno.

El liberalismo a ultranza de Guedes nunca terminó de cerrarles a los militares y, dada la dependencia creciente que Bolsonaro tiene de ellos, salen a pasar la factura. Además, creen que una liberación más generosa de fondos mejoraría la relación con un Congreso voraz en el reclamo de partidas, ayudando, a su vez, a mejorar el humor de los legisladores cuando ya se han presentado decenas de pedidos de impeachment contra el jefe de Estado. Tercero, porque quieren ser ellos quienes distribuyan esos paquetes.

La principal medida de auxilio lanzada hasta ahora por el Gobierno es el pago, en principio por tres meses, de 600 reales (algo más de 100 dólares) a trabajadores de bajos ingresos, informales, autónomos y desocupados, reclamado por 14,6 millones de brasileños. Sin embargo, las necesidades son desbordantes.

Los militares, en tanto tienen su propio programa: el Pro-Brasil, articulado por el jefe de Gabinete, general Walter Braga Netto, que apunta, al estilo del viejo desarrollismo, a la realización de grandes obras de infraestructura.

Guedes lo resiste y se sienta sobre la caja que debería financiarlo, pero los militares dan pelea conscientes del escaso margen de Bolsonaro para pronunciar la palabra “no”.

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