Brasilia - Damares Alves, ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos de Brasil, quedó en el centro de la polémica ayer luego que una investigación periodística revelara que una tribu del Mato Grosso la acusa de haber secuestrado una niña de la comunidad hace quince años y que la hace pasar como su hija adoptiva.
Denuncian que la ministra de DD.HH. de Brasil presenta a una niña que raptó como su hija...
La abuela de la menor, que por entonces tenía 5 años, declaró que Damara Alves se hizo pasar como misionera antes de desaparecer. La funcionaria negó las acusaciones a través de un comunicado. La tenencia, afirman especialistas, es irregular.
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De acuerdo con la revista Época, indígenas de la etnia Kamayurá, en el Parque Nacional del Xingú, afirman que la funcionaria retiró ilegalmente a Kajutiti Lulu Kamayurá, de por entonces 5 años. La mujer ya tiene 20 años.
Los denunciantes afirman que Alves se hizo pasar por misionera y les comunicó a los familiares de la pequeña que la trasladaría a la ciudad para realizarle un tratamiento dental, pero nunca volvió. La actual funcionaria estaba acompañada por Márcia Suzuki, hoy una de sus principales asesoras.
“Lloré, y Lulu estaba llorando también por dejarme. Márcia se la llevó a la fuerza. Dijo que la iba a mandar de vuelta, que cuando entrase de vacaciones la iba a mandar acá”, afirmó su abuela a la publicación.
Ante el escándalo, la oficina de la ministra emitió un comunicado afirmando que ambas se conocieron en Brasilia y desmitió haber tenido algún rol en la separación de la menor de edad con su entorno biológico. “Lulu no fue arrancada de los brazos de los familiares. Ella salió con total anuencia de todos y acompañada de tíos, primos y hermanos para un tratamiento de ortodoncia”, se señala en la nota.
La menor, que ha estado bajo el cuidado de la ministra durante estos años, no está legalmente adoptada, pero según declaró Alves, la cuidó correctamente. “Ninguna ley fue violada. La familia biológica de ella la visita regularmente. Tíos, primos y hermanos que salieron con ella de la aldea residen en Brasilia. Todos mantienen una excelente relación afectiva”, afirmó.
“Lulu no es una persona pública. Es mayor de edad. No fue secuestrada. Salió de la aldea con familiares, fue y es cuidada por Damares con anuencia de estos. Ningún supuesto de interés público en el caso debería ser motivo para la violación del derecho a una vida privada, sin tanta exposición”, se concluye en la nota.
La pastora evangélica, que ayer también estuvo envuelta en otra polémica por su formación (ver aparte), dirige el Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos y ha sido muy criticada por sus comentarios, ya sea por el rol de las mujeres, “nacieron para ser madres”, como por haber sostenido que el “rosa es para nenas y el azul para nenes”.
La noticia se divulgó el mismo día que centenares de personas, lideradas por indígenas, protestaron ayer en Sao Paulo y otras ciudades de Brasil contra las políticas de Bolsonaro, quien prometió no adjudicar más territorios a esas comunidades y defiende el agronegocio que avanza sobre sus tierras ancestrales. Las movilizaciones formaron parte de la campaña “Sangre indígena, ni una gota más” del movimiento Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).
Bolsonaro traspasó de la Fundación Nacional del Indio (Funai) al Ministerio de Agricultura las funciones de demarcación de las tierras indígenas y el servicio de vigilancia forestal, desatando críticas de organizaciones indigenistas y de defensa del medio ambiente.
Survival International, una organización de protección de los pueblos autóctonos, afirmó en un comunicado que esas medidas fueron “prácticamente una declaración de guerra contra los pueblos indígenas de Brasil” y denunció que el discurso de Bolsonaro incentivó aún más la violencia contra los pueblos originarios. Según la APIB, un millón de los 209 millones de brasileños “son indígenas y viven en tierras que ocupan un 15,5% del territorio del país y “las tierras indígenas representan verdaderas barreras de protección de la selva”. Pero, añade, “el año pasado, la deforestación de la Amazonía aumentó casi 14% respecto el año anterior, el mayor índice de los últimos diez años”.
Ámbito Financiero y Agencia AFP
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