El presidente cubano, Raúl Castro, confirmó el fin de las excarcelaciones de presos opositores llevadas a cabo desde julio pasado por mediación de la Iglesia católica y destacó la contribución del ex ministro de Asuntos Exteriores español Miguel Ángel Moratinos a dicho proceso.
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Al inaugurar en La Habana el sexto congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC), Castro recordó que Moratinos, jefe de la diplomacia española hasta octubre pasado, "brindó facilidades a la labor humanitaria de la Iglesia, de manera que aquellos que manifestaron ese deseo o aceptaron la idea", pudieron emigrar a España junto con sus familiares.
El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero dio a conocer hace una semana el final del proceso de excarcelaciones, en el marco del cual abandonaron la cárcel 126 reclusos considerados presos políticos por organizaciones de derechos humanos, gobiernos extranjeros y la disidencia cubana. De ellos, 114 se exiliaron en España con sus familias.
Gracias al diálogo sin precedentes entre Castro y la Iglesia cubana quedaron libres entre otros los 52 opositores que seguían entre rejas, del grupo de 75 que fueron detenidos en la llamada "Primavera Negra" de marzo de 2003 y condenados a penas de hasta 28 años de prisión bajo la acusación de ser "mercenarios" al servicio de Estados Unidos.
Raúl Castro se refirió a los presos liberados como "contrarrevolucionarios" que "en tiempos difíciles y angustiosos para la Patria han conspirado contra ella al servicio de una potencia extranjera", y aseguró que fueron excarcelados "por decisión soberana" del gobierno cubano.
"Pudimos hacerlo de manera directa y atribuirnos el mérito cierto de que lo decidíamos considerando la fortaleza de la Revolución, sin embargo lo efectuamos en el marco de un diálogo de respeto mutuo, lealtad y transparencia con la alta jerarquía de la Iglesia católica, que contribuyó con su labor humanitaria a que esta acción concluyera en armonía y cuyos laureles, en todo caso, corresponden a esa institución religiosa", indicó.
Castro estimó además que el diálogo con el cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, y el presidente de la Conferencia Episcopal, Dionisio García, favoreció la "consolidación" de "la unidad de la nación", y criticó las "implacables campañas de desprestigio en materia de derechos humanos concertadas desde Estados Unidos y varios países de la Unión Europea".
"Nos exigen nada menos que la rendición incondicional y el desmontaje inmediato de nuestro régimen socialista y alientan, orientan y ayudan a los mercenarios internos a desacatar la ley", dijo. "Lo que nunca haremos es negarle al pueblo el derecho a defender a su Revolución, puesto que la defensa de la independencia, de las conquistas del socialismo y de nuestras plazas y calles, seguirá siendo el primer deber de todos los patriotas cubanos".
El arzobispado de La Habana afirmó el pasado martes no haber sido notificado por el gobierno cubano del fin del proceso de excarcelaciones, dado a conocer por las autoridades españolas después de la llegada a Madrid el 8 de abril de los últimos 37 presos liberados y sus familiares, unas 200 personas.
Después de las excarcelaciones, la ilegal pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional asegura que todavía quedan en prisión unos 50 presos políticos, entre activistas opositores, ex funcionarios del gobierno y ex militares, además de miembros de grupos armados del exilio en Florida detenidos en Cuba.
No obstante, el gobierno de Castro niega la existencia de presos políticos o de conciencia en sus cárceles y asegura que todos los considerados como tales han sido debidamente juzgados y condenados en base a leyes vigentes.
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