21 de junio 2009 - 15:42

Celebran en Bolivia el año nuevo aymara 5.517

Celebraciones de Año Nuevo para los pueblos originarios en Bolivia
Celebraciones de Año Nuevo para los pueblos originarios en Bolivia
Con manos extendidas hacia el cielo y una temperatura de 6 grados bajo cero, miles de personas recibieron este 21 de junio los primeros rayos del Tata Inti (dios Sol) en Tiwanaku, en coincidencia con la celebración del solsticio de invierno austral, que marca el inicio del año nuevo aymara 5517.

La muchedumbre llegó al templo descubierto de Kalasasaya en pos de la energía astral, mientras las 'mesas' y 'khoas' (tributos al sol) ardían y le conferían al lugar un ambiente solemne impregnado de misticismo, cargado de ritos y simbologías esotéricas ancestrales.

Centro de ceremonias andinas, Kalasasaya albergaba a 'kallaguayas' o chamanes, 'achachilas' y 'amautas' o sabios indígenas, maestros yogas de la cultura oriental, y miles de aymaras y quechuas, además de un puñado de turistas en su mayoría europeos.

Previamente los 'amautas' levantaron el fuego y depositaron una 'mesa' (ofrenda al Tata Inti, dios sol) para recoger los favores para una buena cosecha y pedir paz y prosperidad para el país y sabiduría para el presidente Evo Morales, originario de la etnia aymara.

Una ofrenda de incienso recibió los primeros rayos del sol en los 3.800 metros de altitud en Tiwanaku o Tihuanaco, mientras el fuego de la fogata desafiaba el intenso frío de la pampa andina.

Horas antes, los aymaras ofrendaron también una "wajtha" (tributo) a la 'Pachamama' (madre Tierra) en el cierre del año viejo.

El 'mallku' ('dignidad', en aymara) entregó luego una ofrenda consistente en coca (la hoja sagrada andina), licores, dulces, incienso y copal.

Una visitante de la etnia chilena mapuche que participó del rito expresó "esperanza de que (en el nuevo año) los pueblos indígenas puedan finalmente ser reconocidos y que los estados puedan ver con claridad la realidad que estamos viviendo como pueblos indígenas y como países latinoamericanos".

El ritual de despedida del año viejo 5516 y advenimiento del nuevo 5517 comenzó la mañana del sábado en la colina de Kimsachaca, se extendió en la noche al cerro de Lloco Lloco y concluyó con la llegada del solsticio de invierno este domingo en el campo de Kalasasaya.

El solsticio de invierno es visto como el momento en que se reinicia el acercamiento del Sol a la Tierra, así como el inicio de un nuevo ciclo agrícola.

El 21 de junio, día del 'willkakuti' (nuevo año), fue declarado feriado por Morales, quien no asistió a la ceremonia aymara.

En su nombre, el ministro de Culturas, Pablo Groux, demandó que "los primeros rayos del sol de este nuevo año nos traigan ilusión, esperanza, energía, fuerza para seguir adelante (..) y ver cuánto tenemos que aportar desde el Estado para que esto (el proyecto político y social del actual gobierno) se consolide".

La ceremonia indígena se celebró en medio de un intenso frío altiplánico de 6 grados bajo cero.

El calendario aymara guarda relación con el ciclo agrícola de la tierra y, consecuentemente, con las épocas de siembra y cosecha.

El cálculo del año 5.517 es la suma de los cinco ciclos -cada uno de mil años- de historia social de los pueblos originarios hasta que Cristóbal Colón llegó a América en 1492. Esos 5.000 años más los 517 desde el arribo de los españoles, dan los 5.517, según la interpretación popular de los indígenas.

La cultura Tiwanaku -implantada en la agreste altipampa, cerca al lago Titicaca, de 1580 AC al 1172 DC- formó un Estado poderoso y estuvo poblada por unas 40 mil personas.

La urbe prehispánica de Tiwanaku fue la capital de un extenso Estado andino que comprendía la parte occidental de Bolivia, el noreste argentino y la costa litoral de Chile, desde Copiapó hacia el norte del desierto de Atacama.

La capital de este imperio -que extendió sus dominios físicos a alrededor de 600.000 km2- es Tiwanaku, llamada también Taipikala.

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