6 de abril 2004 - 00:00

Celulares, pista clave para la investigación

Madrid - La telefonía móvil sirvió y traicionó a los terroristas que perpetraron los atentados del 11 de marzo en Madrid, desempeñando un papel central en la concepción de los ataques y, paradójicamente, en los resultados de las investigaciones.

Los autores de la masacre de Madrid en la que murieron 191 personas utilizaron la alarma de los celulares para activar las bombas que depositaron en 13 mochilas distribuidas en cuatro trenes suburbanos de la capital. Diez de las trece bombas estallaron.

Los investigadores piensan que los terroristas pudieron haber aprovechado parte de la tecnología que permite una perfecta sincronización por satélite de los relojes de los móviles, lo que permitía establecer una secuencia precisa para la explosión de las bombas. El 11 de marzo, los terroristas depositaron 13 bombas, diez de las cuales explotaron en un cuarto de hora a partir de las 7.39 horas locales. La policía efectuó detonaciones controladas en otras dos.

La decimotercera bomba, conectada a un celular que los terroristas olvidaron activar, no estalló y fue la pieza clave que permitió a los investigadores llegar rápidamente a los terroristas. El sábado 13 de marzo, apenas dos días después de los atentados, fueron detenidos dos vendedores indios y tres marroquíes, entre ellos, Jamal Zugam, considerado uno de los autores de los atentados. Los investigadores llegaron hasta los cinco hombres gracias a los datos numerados de los teléfonos y de la tarjeta prepaga que pertenecía al mismo lote que los utilizados para activar las bombas del 11 de marzo. Los dos indios habían vendido esos modelos de tarjeta a Zugam, propietario de un locutorio en el popular barrio de Lavapiés, en el centro de Madrid.

Un análisis espectográfico por satélite mostró el momento y el perímetro en el que los terroristas activaron las tarjetas prepagas de los teléfonos. La policía, sabiendo que habían sido activadas entre las localidades de Morata de Tajuña y Chinchón, peinó todas las casas de la zona y dio con la vivienda en la que se prepararon las bombas.

El 22 de marzo, once días después de los atentados, la policía descubrió la casa alquilada por el marroquí Jamal Ahmidan, alias «Mowgli» o «El Chino», también considerado artífice de los atentados, así como huellas de los principales sospechosos.

El seguimiento de la pista de los llamados telefónicos permitió luego llegar al departamento de Leganés, en el suburbio sur de Madrid, donde cinco terroristas se suicidaron.

Los investigadores hallaron a los kamikazes gracias a los llamados telefónicos que hicieron con sus móviles cargados con tarjetas prepagas del locutorio de Zugam a sospechosos detenidos en el marco de la investigación. Cuando un teléfono recibe una llamada, una conexión se establece entre el llamado, el destinatario y los límites de transmisión intermediaria que cubren una cierta zona geográfica localizable por la policía
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