Otras trampas conocidas incluyen las llamadas «pistolas de alquiler», que significa que un estudiante muy aventajado se presenta al examen en nombre de otro, o el intercambio de papeles en el examen.
En junio de cada año, millones de alumnos de secundaria de todo el país se juegan en tres días el acceso a la universidad, la mayor esperanza de cualquier familia china para su único descendiente, quien debe asumir así el peso de sus expectativas sociales y económicas. No son extraños los casos de adolescentes que se suicidan o incluso asesinan a sus padres por la presión excesiva a la que los someten para aprobar.
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