Las autoridades chinas ordenaron el toque de queda en Urumqi, la capital de la región autónoma china de Xinjiang, tras nuevos disturbios de índole étnica después de que cientos de uigures musulmanes reclamaran ingreso en las mezquitas de la ciudad.
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La policía cargó con golpes y patadas contra los manifestantes. Según las informaciones, los uigures se reunieron delante de las mezquitas de Urumqi, clausuradas, y exigieron la entrada para sus plegarias de los viernes.
Mientas tanto, un nuevo recuento oficial de víctimas indicó que 184 personas perdieron la vida y más de 1000 resultaron heridas a causa de los enfrentamientos que se dieron en la región.
Respecto a los nuevos incidentes, un reportero de la BBC declaró que la policía decomisó los equipos de periodistas que fueron testigos de los enfrentamientos. Algunos de ellos fueron arrestados, señaló. Varios de los manifestantes uigures pedían también la liberación de los detenidos tras los sangrientos disturbios del pasado domingo.
Varias mezquitas amanecieron cerradas en Urumqi. Una portavoz de la Oficina de Asuntos Religiosas de Urumqi, sin embargo, había desmentido a primera hora que el gobierno hubiese ordenado el cierre de las casas de rezo musulmanas, y había especulado que los uigures podían haber decidido "por sí mismos" no acudir a las mezquitas por motivos de seguridad.
En los últimos días, las autoridades chinas habían conseguido controlar la violencia en la capital de Xinjiang con miles de policías y tropas paramilitares para patrullar las calles de la ciudad. Los efectivos mantuvieron separados con dureza a los uigures y la población mayoritaria de etnia china han.
Un reportero gráfico había informado que la situación en Urumqi estaba "más relajada", pero advirtió que "en cuestión de minutos puede volver la agitación". Los taxistas chinos de la etnia han se niegan a viajar a las zonas uigures por temor a ser atacados, añadió.
La agencia estatal china Xinhua informó que la mayoría de negocios permanecieron cerrados, y que tampoco se veía a vendedores ambulantes en la ciudad.
El presidente chino, Hu Jintao, amenazó ayer con imponer duros castigos a los responsables de los disturbios, a quienes acusó de estar ligados al separatismo y el terrorismo internacional.
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