Por la mañana, una furgoneta con un conductor suicida a bordo llegó a la estación de policía de Baquba, donde decenas de hombres, considerados «colaboracionistas» por la resistencia, hacían fila para reclutarse en la fuerza y mientras el vecino mercado al aire libre comenzaba a llenarse de clientes.
Pese a la devastación, rápidamente cientos de personas acudieron a la zona para asistir a los heridos. Muchos quedaron horrorizados al ver cabezas, manos y piernas entre los escombros, dijeron testigos.
Fuentes médicas del Hospital General de Baquba indicaron que la morgue «quedó muy chica» para contener a todos los cadáveres. La policía hizo disparos al aire en la puerta del hospital para intentar detener a la multitud que se agolpaba para saber algo sobre la salud de sus seres queridos.
El número final de víctimas mortales podría elevarse en las próximas horas, ya que muchos de los heridos están muy graves», dijo el doctor
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