Las guerras interminables desde 1975 a 1990 lo forzaron a cerrar. Al comienzo, su acceso estaba prohibido a funcionarios públicos, militares o altos empleados locales de la banca. Los libaneses tenían que acreditar que contaban con elevados ingresos mensuales para penetrar en este sancta sanctórum de los juegos de azar.
El casino del Líbano ganó, además, fama por las espectaculares representaciones que se celebraron en su Sala de Embajadores, tan grande como la del Olympia de París, o en su teatro de un aforo de mil quinientas personas.
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