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8 de julio 2009 - 22:26

Con el presidente de Costa Rica como mediador, Zelaya y Micheletti intentan un acuerdo político

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Manuel Zelaya.
La crisis hondureña parece haber encontrado el camino hacia una salida negociada, con el impulso de Estados Unidos y la mediación del presidente costarricense Oscar Arias, quien convocó en San José a los golpistas y al mandatario derrocado Manuel Zelaya.

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Zelaya ya llegó a Costa Rica, mientras Roberto Micheletti -designado por el congreso para reemplazarlo- dijo en Tegucigalpa que aún espera instrucciones de su equipo de seguridad. Ambas partes dieron muestra de mantenerse intransigentes en sus posiciones.

"Estoy aquí para pedir la restitución inmediata de este servidor, que viene también por sugerencia de la secretaria de Estado, Hillary Clinton", dijo Zelaya al llegar a San José, admitiendo el papel central que cumplió Estados Unidos en impulsar la mediación de Arias.

Clinton, quien se reunió el martes con Zelaya en Washington, dijo que espera "que las partes pongan todo sobre la mesa, de manera que alcancemos una solución pacífica" y tras reiterar la preocupación estadounidense, enfatizó: "hemos trabajo muy duro estos últimos nueve días para alcanzar un proceso de mediación".

Arias anticipó que las negociaciones se prolongarán al menos dos días y en ellas se abordarán "todos los temas".

"Posiblemente para mucha gente dos días no son suficientes, pero si hay voluntad sí se puede lograr", subrayó Arias, ganador del Nobel de la Paz en 1987, por sus gestiones para pacificar Centroamérica.

La crisis hondureña se ha convertido en un termómetro para medir la anunciada intención del presidente norteamericano Barack Obama de establecer una relación distinta con sus vecinos.

El nuevo responsable de la política estadounidense para el continente, Arturo Valenzuela, defendió en Washington el papel del gobierno de Obama en la crisis, durante una audiencia del comité de Relaciones Exteriores del Senado.

"Esto ha sido un clásico golpe de Estado", dijo Valenzuela respondiendo a las dudas expresadas por un congresista, y aunque admitió la gravedad de los problemas que existían en Honduras señaló que "la solución no era que los militares expulsaran (al presidente) y lo enviaran fuera del país".

Por su parte, el presidente venezolano Hugo Chávez, quien asegura que no acepta otra solución que no sea la restitución de Zelaya, llamó al pueblo hondureño a seguir "resistiendo".

El cardenal católico en Honduras Oscar Rodríguez, quien se expresó a favor de Micheletti, le pidió este miércoles a Chávez que deje de meter las manos en su país.

Samuel Santos, canciller de Nicaragua, aliada de Honduras y Venezuela en el Alba (Alianza Bolivariana para las Américas) dijo que respalda "totalmente" el diálogo.

El tema también alcanzó la reunión del G8 en L'Aquila (Italia), donde los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, y de México, Felipe Calderón, condenaron "el golpe de Estado" y alentaron a encontrar una salida "para fortalecer la unidad latinoamericana".

Pero la negociación no se anuncia fácil pues ambas partes no dan muestras de flexibilizar sus posiciones. Zelaya antes de partir desde Washington, insistió en que no hay nada que negociar, salvo planificar "el restablecimiento del orden democrático".

Anticipando el tono con que va a San José, Zelaya calificó a Micheletti como "un gorila" que ha cometido "asesinatos, violaciones a los derechos humanos y especialmente la traición", según dijo a la televisión chilena.

Por su parte, Micheletti subrayó que negociar no significa que se vaya a permitir a Zelaya regresar al poder y recordó que la justicia hondureña tiene 18 cargos en su contra. "El cometió delitos, tiene que pagar", señaló.

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