"Biye" cometió sus asesinatos durante un año en los barrios del sur de Teherán.
Allí atraía a sus víctimas, casi siempre niños de familias de refugiados afganos, de los que abusaba sexualmente antes de matarlos.
Además de la pena de muerte por un delito de abuso sexual, el asesino ha sido condenado a quince años de cárcel por un delito de secuestro, el pago de cuatro indemnizaciones a familiares de las víctimas y cien latigazos por "cometer actos impropios contra los cadáveres".
El principal cómplice de "Biye", Ali Gholampoor, ha sido por su parte condenado a quince años por un delito de secuestro, pero fue absuelto del delito de asesinato.
Los dos acusados, obreros de una fábrica de ladrillos, habían confesado en un primer momento haber matado a 22 menores de edad, además de una prostituta y dos obreros.
El relato de los hechos que ha ido filtrando la prensa ha estremecido a Irán por los detalles escabrosos de los abusos, como el hecho de que colocasen animales muertos sobre las tumbas de sus víctimas para ofrecer falsas pistas sobre el mal olor que podían despedir los cadáveres.
Algunos padres han afirmado incluso que los acusados llegaron a robar órganos vitales de los muertos con el supuesto propósito de venderlos.
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