Los yakuza, como las tríadas chinas o la mafia italiana, basan su existencia en lazos de sangre, la lealtad y el secretismo.
Cuando sus deudas se acumularon, terminó huyendo con su amante, dejando atrás a su mujer y su hija. «Había 800 yakuza buscándome para matarme y lo único que me importaba era yo mismo. Me había convertido en un monstruo», asegura en un libro autobiográfico. Una década después Suzuki ha recuperado a su familia, ha salido de las drogas y levantó otro pequeño imperio, esta vez legal, que incluye la edición de un libro -«Cristianos Tatuados», la producción de una película -«Jesús es mi jefe»- y apariciones semanales en televisión.
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