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8 de marzo 2010 - 21:15

Cuba califica de "chantaje" la huelga de hambre del opositor Fariñas y no se responsabiliza ante su posible muerte

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Guillermo Fariñas.
El diario oficial cubano "Granma" calificó de "chantaje inaceptable" la huelga de hambre llevada a cabo desde hace 13 días por el opositor Guillermo Fariñas, a quien acusó de ser un "mercenario", "agente de Estados Unidos" y un "delincuente común violento".

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"Cuba, que ha demostrado con creces que tiene como divisa principal la vida y la dignidad del ser humano, no aceptará presiones ni chantajes", escribió el órgano del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC).

"No es la medicina la que debe resolver el problema intencionalmente creado con el propósito de desacreditar nuestro sistema político, sino el propio paciente y los apátridas, diplomáticos extranjeros y medios de prensa que lo manipulan", afirmó el rotativo.

Fariñas, un psicólogo de 48 años participante en la red de los llamados "periodistas independientes", se declaró en huelga de hambre el 25 de febrero, después de la muerte en la víspera tras un ayuno de 83 días del disidente Orlando Zapata Tamayo.

Esta es la primera referencia de un medio oficial cubano a la protesta llevada a cabo por Fariñas en su casa en Santa Clara, en el centro de la isla, para exigir la excarcelación de 26 opositores presos que, según afirma, tienen problemas de salud. "Granma" afirmó no obstante que éstos fueron "sancionados con todas las garantías procesales" por "actuar al servicio de intereses extranjeros".

Organizaciones defensoras de los derechos humanos hablan de al menos 200 presos políticos en Cuba. Sin embargo, el gobierno del presidente Raúl Castro lo niega y asegura que todos han sido juzgados por ser "mercenarios" al servicio de Estados Unidos o constituir una amenaza para la seguridad del país.

Fariñas, quien se niega incluso a beber agua y manifestó su intención de llevar su acción "hasta las últimas consecuencias", sufrió un desmayo el miércoles y estuvo tres horas en el hospital, donde fue hidratado con sueros y recobró la conciencia, según relataron sus allegados.

El diario acusa a Fariñas de ser un "asalariado" de Estados Unidos y de haber recibido "instrucciones, dinero y abastecimientos" también de "algunas sedes diplomáticas europeas que dirigen la subversión en Cuba".

Al mismo tiempo, aseguró que el disidente mantiene "una conducta antisocial que sufre un claro desajuste de su personalidad". En este sentido dice que en 1995 agredió físicamente a una funcionaria de la institución de salud donde trabajaba como psicólogo, por lo que fue condenado a tres años de cárcel y se puso en huelga de hambre, la primera de una serie que continuaría en años posteriores.

En total, Fariñas ha llevado a cabo más de 20 huelgas de hambre, la última de ellas en 2006, durante seis meses, para exigir el acceso libre a Internet para todos los cubanos.

"Como consecuencia de episodios sucesivos de huelgas de hambre, el organismo de Fariñas se encuentra en un proceso de deterioro notable", dice "Granma", que asegura que "si hoy está vivo, hay que decirlo, es gracias a la atención médica calificada que ha recibido sin importar su condición de mercenario".

La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), formada por opositores, consideró que las autoridades de la isla, a través del artículo en "Granma", trata de "descalificar la conducta valiente, cívica y generosa" de Fariñas.

En un comunicado, su portavoz, Elizardo Sánchez, aseguró que "la malévola y criminal fórmula aplicada en este caso por las autoridades, que consiste en que Fariñas llegue hasta el borde de la muerte para luego reanimarle, puede dar lugar a su fallecimiento en un par de semanas".

Sánchez afirmó que "el gobierno de Cuba está en la obligación de facilitar atención médica permanente" al disidente y dijo que las autoridades están actuando "con la misma lógica inhumana que aplicó en el caso reciente de Orlando Zapata, a quien ingresaron en una sala de cuidados intensivos (...) horas antes de su fallecimiento".

No obstante, "Granma" hizo referencia a que "existen principios bioéticos que obligan al médico a respetar la decisión de una persona que ha decidido iniciar una huelga de hambre" y que "la medicina sólo puede actuar cuando el paciente ha entrado en shock, fase en que como regla resulta tarde, pues el ser humano está en los límites de la supervivencia".

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