27 de febrero 2003 - 00:00

Desafío al gran tabú del PT

Los planes de reforma laboral anticipados por el ministro brasileño de Trabajo y Empleo, Jacques Wagner, a Ambito Financiero desafían uno de los mayores tabúes de la tradición política del Partido de los Trabajadores: el poder sindical.

La concreción de una reforma laboral -sobre todo en lo que hace a la posibilidad de autorizar negociaciones salariales a nivel de empresa, lo que quebraría en buena medida el poder de las estructuras gremiales nacionales- supondría un enfrentamiento abierto entre el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva y la Central Unica de los Trabajadores (CUT).

Los roces por la reforma previsional, la pelea por la suba de salarios, la polémica por la elevación de las tasas de interés, el fuerte salto del desempleo en enero (ver aparte) y ahora la reforma laboral ponen al gobierno frente al riesgo de sufrir las primeras huelgas de protesta tras sólo dos meses de gestión.

• Creencia

En medios empresariales se sostiene que, tal como ocurrió con Carlos Menem en la Argentina, sólo Lula -un presidente con una base social popular- podría encarar una reforma tan polémica.

«Queremos que se garantice a los trabajadores un mínimo de derechos y a los empresarios un mínimo de libertad de gestión. Con esto está de acuerdo el ministro Wagner, con quien ya estuvimos dos veces y que habla el mismo lenguaje que nosotros», dijo telefónicamente a Ambito Financiero el vicepresidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Dagoberto Lima Godoy.

Según las encuestas, la población tiene al desempleo como una de sus principales preocupaciones, ya que, aunque las estadísticas nacionales hablen de un discutible 11,2%, estudios privados la ubican 19% en San Pablo, centro económico de Brasil. Mientras, los empresarios se quejan de los costos que supone contratar un empleado.

• Sueldos

Describir la situación de las relaciones laborales en Brasil implica comenzar hablando del salario mínimo, que es un precio crucial en esa economía, ya que es la remuneración que efectivamente percibe cerca de 40% de la población ocupada. Además, a él están atadas pensiones y salarios de empleados públicos, por lo que su suba -promesa central de la campaña del Partido de los Trabajadores- «obligaría a ser muy duro en política monetaria por su posible impacto sobre la inflación», dijo Juan Luis Bour, de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

En abril, el gobierno de Lula deberá decidir la magnitud del prometido aumento del salario mínimo, y la izquierda rebelde del PT ya presiona para que se cumplan las promesas de campaña, que supondrían llevarlo de los actuales 200 reales -55 dólares- a 250, esto es, una suba de 25%. Mientras, las autoridades prometen prudencia -hablan de sólo 234 reales- para no agravar el rebrote inflacionario. Por caso, ayer el gobierno sumó más razones a sus argumentos: el Banco Central elevó de 0,2% a 8% la previsión de incremento del precio de los combustibles a raíz del conflicto en el Golfo Pérsico.

El sector informal del mercado de trabajo brasileño abarca a cerca de la mitad de la fuerza laboral de 76 millones de personas. Una propuesta de reforma planteada para la inclusión de esas personas podría ser la herramienta política de Lula para contrarrestar las previsibles críticas de los ultras del PT y de los sindicatos.

De acuerdo con el consultor
Daniel Funes de Rioja, vicepresidente del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo, «hay un dato universal, que es la lucha entre los 'insiders' y los 'outsiders': Lula podría tener fricciones con los sindicatos porque éstos representan a los que ya están integrados al sistema, pero lograría la adhesión de los que están afuera».

• Argumentos

El propio Lula usó un argumento muy similar el martes en una ríspida reunión con la cúpula sindical. «Lamentablemente, el movimiento sindical sólo representa a los que están incluidos. Los excluidos están marginados en la representación de las entidades», disparó a los dirigentes, a quienes acusó de «corporativistas».

En lo que respecta a las cargas patronales, en Brasil la suma de costos a afrontar por el empleador -impuestos y contribuciones, aguinaldo, vacaciones, licencias, etcétera- eleva en 65,4% el sueldo neto de los trabajadores: así, para un salario de neto 100 reales, las empresas erogan efectivamente 165,4. Tomando una base equivalente, en la Argentina los costos empresariales «encarecen» los salarios en 41,5%.

M.F.

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