La gran ventaja de los Routemasters, que explica su inmensa popularidad y el vacío emocional que dejarán, es que los pasajeros podían subir y bajar por una pequeña puerta trasera cada vez que el bus se detenía o estaba en medio de embotellamientos. En cambio, las puertas de los nuevos ómnibus permanecen cerradas durante el trayecto y los pasajeros pueden subir o bajar sólo en las paradas establecidas.
Hoy, miles de londinenses presenciarán el último recorrido del último Routemaster, de la ruta 159, que saldrá de Marble Arch, centro de Londres, cerca de la calle comercial Oxford Street, a las 12 del mediodía.
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