30 de agosto 2006 - 00:00

Disidencia no ve signos de apertura en Cuba

La Habana (EFE, AFP) - A un mes de la cesión del poder de Fidel Castro a su hermano Raúl, los opositores en Cuba, tildados por el gobernante provisional de «anexionistas asalariados» de Washington, permanecen replegados, con tímida esperanza de una apertura y con temor a una mayor represión.

Cuando el 31 de julio oyeron la proclama en la que Fidel delegó el mando por una crisis de salud, los disidentes en Cuba actuaron totalmente al contrario de los anticastristas en Miami, que saltaron a las calles jubilosos, con llamados a la desobediencia civil.

«Allá tienen una realidad y aquí tenemos otra. Cualquier intento de reunión que haga la oposición en estos momentos será reprimido inmediatamente», dijo Vladimiro Roca, ex piloto de combate e hijo de uno de los fundadores del Partido Comunista.

Para Oswaldo Payá, Premio Sajarov 2002 a los Derechos Humanos del Parlamento Europeo, Cuba está en el «momento propicio para trabajar» por un cambio, por lo que el exilio no debe «incitar acciones que amenacen la tranquilidad en la isla», sino «evitar represiones, intolerancias y enfrentamientos».

«Debemos de ser muy cautelosos. Ya hay 300 opositores en las cárceles cubanas», afirma Martha Beatriz Roque, única mujer de 75 opositores detenidos y condenados en la primavera de 2003 y una de los 15 excarcelados por razones de salud.

Aunque apoya las políticas de Washington, Roque, quien representa la oposición más frontal a Castro, dice no creer «que sea el momento propicio para una intervención» y, además, el gobierno de George W. Bush «ya dijo claro» que no la va a haber.

Los disidentes piensan que, aun si se recupera, Fidel Castro no será el mismo de antes y sostienen que Cuba vive una sucesión gradual de dirección que algunos ven con esperanza y otros con pesimismo.

Los reclamos más activos parten de los moderados. Manuel Cuesta Morúa y el ex comandante Eloy Gutiérrez Menoyo ven una buena oportunidad para cambios en la isla.

«La nueva coyuntura de la sucesión -transitoria o permanente- no debe concebirse como una continuación del statu quo, este largo y fatigoso drama que vivimos los cubanos, sino como una hora -grande y propicia- para iniciar, de manera tan gradual como acelerada, un proceso de cambios profundos y audaces», dijo Menoyo.

Para Cuesta Morúa, «la hora de Fidel Castro ha terminado». «Está definida la sucesión y Raúl es el gobernante silencioso que conforma un nuevo gobierno, con más represión social combinada con apertura económica a largo plazo. Nuestra esperanza no está en Raúl. Cuba entró en una nueva etapa que puede ser decisiva. Cada vez hay más conciencia de que el cambio democrático es necesario e inevitable», sostiene Payá.

«Va a ser el pueblo de Cuba el que va a llevar a cabo la transición, y espero que sea muy pronto. Raúl Castro no se va a mantener en esto por mucho tiempo», asegura Roque.

A juicio de Oscar Espinosa Chepe, también excarcelado del grupo de los 75 detenidos en 2003, «hay una forma gradual de cambio» hacia un gobierno «más colectivo».

Vladimiro Roca piensa más bien que no ha pasado nada: «Para mí eso es un gran teatro, no hay que olvidar que Fidel Castro es el tramoyista más grande que ha existido en la historia de Cuba».

Los disidentes no han hecho este mes acciones públicas, con la excepción de las Damas de Blanco, familiares del grupo de los 75 disidentes condenados a duras penas de cárcel por «delitos de opinión», que todos los domingos asisten a misa en la iglesia Santa Rita, en la Quinta Avenida.

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