Según los planes preliminares, se ha calculado que tendrá una extensión de 8.000 kilómetros y un costo de entre 15.000 y 20.000 millones de dólares, con una capacidad para transportar unos 150 millones de metros cúbicos de gas por día.
«Los ecologistas de todo el mundo a los que quieran hacer ese gasoducto les van a clavar las uñas en la yugular. Nos parece sumamente difícil que se concrete» el proyecto, agregó
Soliz. Destacó, en cambio, la conexión ya existente entre los campos petroleros bolivianos y los mercados de Brasil y la Argentina, y la garantía de que nunca se incumplió con la provisión del gas. Desde 1999, la industria del sudeste brasileño se provee de cerca de 23 millones de metros cúbicos diarios de gas boliviano, mientras que la Argentina tiene contratos para comprar hasta siete millones de metros cúbicos diarios desde 2004.
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