Al final de esta campaña, Schröder siguió insistiendo en su negativa a la guerra contra Irak, que le permitió vencer en las legislativas, pero que esta vez no le sirvió frente a una población «cansada de las falsas promesas del canciller» en materia de política económica y social, según la presidenta de la triunfal Unión Democristiana (CDU), Presintiendo lo que se avecinaba, Schröder intentó aparentar serenidad a lo largo de la campaña: «Una derrota del SPD en las elecciones regionales no tendrá ninguna consecuencia en la política federal, ni para mí ni para la coalición socialdemócrata y ecologista en el poder».
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