EE.UU.: conmovedor homenaje a las victimas del terrorismo
Los actos en homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de setiembre del año pasado se convirtieron ayer en Estados Unidos en una conmovedora muestra popular de dolor y coraje. George W. Bush presidió las multitudinarias ceremonias realizadas en los lugares donde se produjeron víctimas, el Pentágono (Washington), Pennsylvania y Nueva York. Justamente en esta ciudad se vieron las imágenes más emotivas, con miles de personas dejando flores y fotos en la Zona Cero -el lugar donde se desplomaron las Torres Gemelas- y con todas las campanas de la ciudad sonando al unísono a la hora en que se produjo el impacto del primer avión. Una ola de falsas alarmas en aviones, puertos y embajadas en el exterior sirvió como recordatorio de la vulnerabilidad que los norteamericanos sienten frente a un terrorismo internacional que permanece con sus estructuras casi intactas. Hoy Bush hablará ante la ONU, donde buscará apoyo para la prometida guerra contra Irak.
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Dolor en la zona cero: El sector de Manhattan donde se desplomaron hace un año las Torres Gemelas, fue el lugar que concentró la mayor emoción en el homenaje a las víctimas del 11 de setiembre de 2001. Los familiares de los muertos en el atentado dejaron fotos y flores en el centro del terreno. El presidente George W. Bush y su esposa Laura cerraron allí los actos de homenaje realizados ayer. Miles de personas acudieron a ese sitio durante todo el día para recordar a sus seres queridos.
«Nunca olvidaremos», «Amamos Nueva York», «Estamos unidos», se leía en algunas de las pancartas desplegadas en distintos lugares de la Gran Manzana y otras ciudades de Estados Unidos, que amaneció envuelto en la bandera estrellada roja, blanca y azul.
En la Zona Cero, donde hace un año se izaban majestuosas las idénticas torres de 110 pisos, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani fue el primero en comenzar a leer lentamente el nombre de las 2.801 víctimas de los ataques en Nueva York, al ritmo del llanto del violonchelo de Yo-Yo Ma. El secretario de Estado, Colin Powell, y la senadora demócrata Hillary Clinton fueron otros de los que leyeron parte de los nombres. Mientras éstos eran leídos, muchos descendieron al hoyo de ocho pisos de profundidad que quedó donde una vez se alzaron las Torres Gemelas para depositar flores.
Muchos familiares estrechaban fotos de sus seres queridos o portaban rosas rojas. Otros tenían los rostros cubiertos de lágrimas y llevaban niños pequeños en brazos.
El día despejado, casi sin nubes -exactamente como hace un año-hizo aun más difícil a los familiares soportar la tensión generada por la ceremonia. Dos rascacielos fueron cubiertos con tela negra, y uno tenía una bandera estadounidense de 20 pisos en forma de corazón con las palabras: «El espíritu humano no se mide por el tamaño del acto, sino por el tamaño del corazón».
Las ceremonias se desarrollaron bajo una extrema vigilancia policial y militar, por el temor a nuevos atentados. Tras el incremento del nivel de alerta terrorista el martes a «muy alto» (naranja), misiles tierraaire fueron desplegados estratégicamente en varios sitios de Washington, incluido el Pentá-gono, por primera vez en décadas. Cazas F-16 y helicópteros patrullaron los cielos protegidos por aviones radar AWACS. También por seguridad, hace dos días que el vicepresidente Dick Cheney, encargado de asegurar la continuidad del poder en caso de incapacidad de Bush, pasa sus noches en un lugar secreto.
• Wall Street
La Bolsa de Nueva York, que el año pasado cerró cuatro días a raíz de los ataques, abrió al mediodía tras realizar dos minutos de silencio y entonar el himno nacional estadounidense.
Bush fue a misa en la iglesia episcopal St. John de Washington temprano en la mañana, observó el minuto de silencio en la Casa Blanca y luego se trasladó al Pentágono y a Shanksville, donde se estrelló el cuarto avión secuestrado. El sitio ha sido bautizado por los lugareños como la Zona Cero Olvidada, ya que sienten que su tragedia fue ensombrecida por las otras dos. Aparentemente, los pasajeros de ese vuelo resistieron la acción de los secuestradores, realizaron además llamadas a través de sus teléfonos celulares y consiguieron con su acción evitar una tragedia mayor. «Let's roll!» (¡Vamos a darles!), fue la última frase que se escuchó desde el vuelo 93 a través de un teléfono abierto que estaba siendo monitoreado. La frase fue pronunciada por el pasajero Todd Beamer y ahora se ha convertido en un grito de batalla de los estadounidenses en su guerra contra el terrorismo.
Más tarde, en la Zona Cero, Bush y su esposa saludaron a varios de los familiares de las víctimas que murieron en Nueva York y dejaron una ofrenda floral.
En tanto, las capitales europeas también honraron a las víctimas de los atentados con numerosas ceremonias que tuvieron el común denominador de la condena al terrorismo y la solidaridad con Washington. Fuertes medidas de seguridad en varios aeropuertos y home-najes a las víctimas mostraron también a América latina encolumnada en la condena al terrorismo.




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