La madre fue absuelta de los cargos de crueldad y de negligencia médica. El caso generó una viva polémica por lo inusual de castigar al progenitor de un suicida.
«The New York Times» reveló que el chico había faltado 44 días a clase cuando se suicidó y que solía defecar y orinarse encima al parecer para que lo enviasen a casa.
Las fotografías del estado en que se encontraba la casa tras la muerte del chico fueron presentadas en el juicio como prueba contra la madre. Por su parte, la defensa de Judith Scruggs alegó, sin éxito, que esta madre soltera de cinco hijos, dos de los cuales vivían con ella, trabajaba más de 60 horas a la semana en dos empleos para asegurar la manutención de la familia.
Asimismo, insistieron que la escuela, que fue objeto de una investigación, no hizo nada por evitar el infierno que vivía Daniel.
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