9 de septiembre 2005 - 00:00

El antibushismo no debe cantar victoria

Nueva Orleans - Las secuelas económicas y políticas del huracán Katrina complicarán el segundo mandato de George W. Bush, que ya soportaba el creciente desgaste por la guerra de Irak y por el elevado precio del combustible.

Los demócratas, aún no recuperados de la contundente derrota en las elecciones legislativas y presidenciales de 2004, intentan sacar rédito político de la situación, aunque no está nada claro que lo consigan.

En el análisis de la presente coyuntura, se corre el peligro del error
-en el que se suele caer desde fuera de Estados Unidos- de confundir el microclima de las elites políticas y mediáticas de Washington y Nueva York con el sentir mayoritario del vasto país que es Estados Unidos.

A menudo, la percepción es engañosa. La inequívoca victoria de Bush en 2004 desmintió a quienes creían que la guerra de Irak, el escándalo de Abu Ghraib y los fallos detectados por la comisión del 11-S en la prevención de los atentados eran motivo suficiente para descabalgar a Bush. Con el Katrina, el cálculo podría volver a ser equivocado.

• Serios apuros

A Bush se le toleraron todos los errores. Además, el presidente ya no se presenta a la reelección: no se le podrá castigar directamente. En las legislativas de noviembre de 2006 influirán numerosos factores ajenos al huracán y específicos de cada estado. Los últimos años demostraron que el país, demográfica y sociológicamente, avanza a favor de mayorías republicanas. Sólo un gobernador moderado y con carisma puede tener posibilidades de reconquistar la Casa Blanca para los demócratas.

La mayoría de los estadounidenses no forma su opinión basándose en editoriales de «The New York Times», sino que tienen otras fuentes, como el comentarista de una radio regional en Louisiana que recordaba el otro día que, pese a todos los errores y la descoordinación, ningún país del mundo habría podido reaccionar con tantos medios y tantos voluntarios ante el desastre.

Más allá de la controversia política puntual, lo que la catástrofe del huracán puso en relieve es que Estados Unidos, a punto de conmemorar el cuarto aniversario de los atentados de Nueva York y Washington,
se vio en serios apuros organizativos, logísticos, para superar una emergencia de grandes proporciones en una ciudad densamente poblada. De nuevo mostró la vulnerabilidad de su tecnificada sociedad.

Los hechos son más preocupantes, si se tienen en cuenta las inversiones realizadas en protección civil y otras agencias afines, y las reformas administrativas acometidas para prepararse para lo peor. El Departamento de Seguridad Nacional, un monstruo burocrático, se creó precisamente para afrontar un escenario como el actual.

• Vulnerabilidad

A la hora de la verdad, se sabe que mucho del esfuerzo se fue en pura tarea de reorganización. Mejoró sustancialmente el control aeroportuario y la verificación de la identidad de los numerosos extranjeros que diariamente entran en el país, pero sigue habiendo, según los expertos, importantes lagunas en la protección de instalaciones vitales y, por ejemplo, en el control de los miles de contenedores de mercancías que entran cada día en territorio estadounidense a través de sus puertos y aeropuertos. La vulnerabilidad frente a acciones terroristas es más que evidente.

Resulta claro que las pérdidas temporales de empleo y la destrucción de infraestructuras incidirán en el crecimiento económico y en el déficit público, pero la historia demuestra que las grandes reconstrucciones generan también una dinámica propia de fuerte crecimiento que puede compensar con creces las pérdidas. George W. Bush, en cualquier caso, no vivirá un final de mandato fácil.

Eso no es ninguna novedad al término de la mayoría de las presidencias. La razón fundamental de las dificultades de Bush seguirá siendo Irak.Aún es pronto para aventurar los efectos últimos del Katrina.

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