7 de abril 2004 - 00:00

El clérigo joven y radical que es pesadilla de Bush

Bagdad (El Mundo) - No bien cayó Saddam Hussein, el barrio populoso de los chiitas de Bagdad dejó de llamarse Saddam City para pasar a ser Sadr City, en honor al padre de Moqtada al Sadr, el joven radical que paradójicamente se transformó en la bestia negra de las tropas estadounidenses y sus aliados.

Este clérigo chiita, de apenas 30 años, convirtió la protesta contra las fuerzas lideradas por Estados Unidos en la razón de ser de su movimiento, en el que se integra gran parte de los desfavorecidos y marginados que luchan por sobrevivir en Bagdad. Marcado por el asesinato de su padre, el clérigo chiita Mohammed Sadiq al Sadr, muerto supuestamente a manos de agentes del gobierno de Saddam, Moqtada al Sadr ha conquistado a muchos jóvenes iraquíes con sus combativos sermones en los que combina alusiones religiosas con exaltaciones patrióticas. El barrio chiita de Bagdad pasó de rendir homenaje a Saddam a recordar a los Sadr (Medinat al Sadr).

Con la caída del régimen del partido Baas, se puso en evidencia su poder, basado en una red de instituciones chiitas de caridad fundadas por su padre. Su campaña para multiplicar sus adeptos se intensificó en las primeras semanas, después de la invasión, cuando los seguidores de Muqtada al Sadr patrullaron las calles de los barrios marginados chiíes de Bagdad para repartir alimentos entre los menos favorecidos. Fue el primero en volver a la costumbre de los rezos del viernes en abril de 2003, apenas dos semanas después de la caída del régimen de Saddam.

En junio del año pasado, organizó un grupo de milicianos, el ejército de Mahdi, lo que supuso un claro desafío al control de armas impuesto por las fuerzas de la coalición. Consiguió incluso la alianza de las autoridades religiosas chiitas de la ciudad sagrada de Najaf.

También anunció el establecimiento de un gobierno rival al Consejo de Gobierno Iraquí designado por EE.UU., aunque la medida no prosperó.

Al Sadr creó un semanario, «Al Hawza». En marzo de 2004, las autoridades interinas iraquíes anunciaron una prohibición de 60 días de la publicación, a la que acusan de fomentar la violencia antiestadounidense.

A diferencia de otros clérigos más moderados como el gran ayatollah
Ali Sistani, Muqtada al Sadr defiende que los líderes espirituales participen más activamente en el futuro político de Irak.

Sus seguidores también tuvieron enfrentamientos con el ayatollah Sistani, quien ha empezado a ocupar una posición destacada con vistas a la entrega de poder a manos iraquíes anunciada para el 30 de junio.

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