El comienzo de una etapa incierta
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•Apoyos múltiples
Gutiérrez -un amante del café cargado, el deporte, religioso e impuntual-nunca ha ocupado un cargo ejecutivo público.
El coronel, de rasgos mestizos y que entrelaza su discurso populista con tintes religiosos y políticos, ascendió a la presidencia apoyado por movimientos indígenas, militares retirados, sindicatos y sectores de la izquierda radical, todos con participación en su gabinete.
Fue mediante el pacto con esas fuerzas que derrotó en dos rondas sucesivas, en octubre y noviembre, a los partidos tradicionales que se habían alternado en el poder desde 1979. Ha prometido elevar la inversión social y presidir una lucha frontal contra la corrupción. Sin embargo, Gutiérrez - quien ha enfrentado férreas críticas por sus cambiantes posiciones políticas-al parecer está consciente de que su suerte se definirá en el campo económico.
El principal reto del mandatario será preservar la buena salud de la dolarización, esquema monetario instaurado por el presidente que derrocó y que ha permitido que Ecuador crezca por tres años seguidos y reporte en 2002 la inflación más baja en tres décadas.
Gutiérrez -autodefinido como un humanista y nacionalista-tendrá en esa línea que suscribir un acuerdo con el FMI para zanjar una crisis fiscal en ciernes por efecto del crecimiento del gasto estatal y mantener al día la deuda pública, tanto interna como externa. Pero la adopción de medidas económicas -como la eliminación de subsidios o alzas de precios de combustibles-requeridas para retomar el camino del equilibrio, podría evidenciar su voluntad real de optar por un programa económico creíble o ceder a las presiones populistas.




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