16 de enero 2003 - 00:00

El comienzo de una etapa incierta

Quito (Reuters) - Atrás quedaron los tiempos en que Lucio Gutiérrez encabezó una revuelta cívico-militar que derrocó a un presidente y su nombre era coreado en las afueras de la histórica sede del Poder Ejecutivo de Ecuador.

A cinco días de que se conmemore el tercer aniversario de la rebelión, Gutiérrez ingresó ayer por la puerta grande al colonial Palacio de Carondelet, con el apoyo de 2,7 millones de ecuatorianos que creyeron en sus promesas de lucha contra la corrupción y de justicia social.

Ataviado con un traje formal, alejado de su imagen de militar rebelde, Gutiérrez, de 45 años, es la encarnación de un político joven con un conjunto de reformas a cuestas y que halagó a Wall Street con iniciativas para abrir la economía ecuatoriana y mantenerla encarrilada.

Hijo de una enfermera y un comerciante que recorría con sus productos un río amazónico, Gutiérrez alcanzó renombre en el campo militar por sus triunfos y altas calificaciones en sus casi 30 años de carrera, que terminaron con la revuelta contra el presidente Jamil Mahuad.

En contraparte, rompió la barrera militar e inició una cruzada política por la que casi nadie apostaba. Ahora tendrá que demostrar que está listo para gobernar a un país que ha vivido en la turbulencia política en los últimos años y que sus acciones tendrán más peso que sus palabras.

«Tenemos que obedecer al pueblo, ellos nos han elegido y yo tengo que hacer lo que ellos quieren y si no les cumplo cualquier trato puede decir: 'Usted no está cumpliendo queremos que salga y queremos a otra persona'», dijo Gutiérrez recientemente en una reunión con prensa extranjera.

•Apoyos múltiples

Gutiérrez -un amante del café cargado, el deporte, religioso e impuntual-nunca ha ocupado un cargo ejecutivo público.

El coronel, de rasgos mestizos y que entrelaza su discurso populista con tintes religiosos y políticos, ascendió a la presidencia apoyado por movimientos indígenas, militares retirados, sindicatos y sectores de la izquierda radical, todos con participación en su gabinete.

Fue mediante el pacto con esas fuerzas que derrotó en dos rondas sucesivas, en octubre y noviembre, a los partidos tradicionales que se habían alternado en el poder desde 1979. Ha prometido elevar la inversión social y presidir una lucha frontal contra la corrupción. Sin embargo, Gutiérrez - quien ha enfrentado férreas críticas por sus cambiantes posiciones políticas-al parecer está consciente de que su suerte se definirá en el campo económico.

El principal reto del mandatario será preservar la buena salud de la dolarización, esquema monetario instaurado por el presidente que derrocó y que ha permitido que Ecuador crezca por tres años seguidos y reporte en 2002 la inflación más baja en tres décadas.

Gutiérrez -autodefinido como un humanista y nacionalista-tendrá en esa línea que suscribir un acuerdo con el FMI para zanjar una crisis fiscal en ciernes por efecto del crecimiento del gasto estatal y mantener al día la deuda pública, tanto interna como externa. Pero la adopción de medidas económicas -como la eliminación de subsidios o alzas de precios de combustibles-requeridas para retomar el camino del equilibrio, podría evidenciar su voluntad real de optar por un programa económico creíble o ceder a las presiones populistas.

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