Madrid - El "paro" asoma a cada instante en los diálogos de los españoles. No hay quien deje de tener una experiencia para contar, ya sea personal o de algún allegado, sobre un despido, licencia o rebaja salarial. Los números son abrumadores, con 5 millones de desempleados, 21 por ciento de la población activa, y picos exorbitantes entre los más jóvenes y en las regiones más empobrecidas.
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Tampoco es la primera vez que tiene lugar una realidad de este tipo en la democracia española. El socialista Felipe González dejó el Gobierno en 1996 con más de 20 por ciento de desocupación, aunque en aquel entonces, otras variables de la economía (y fondos de una Unión Europea en expansión) permitían vislumbrar puertas de salida.
Los españoles viven este presente abrumados, es lógico. Sin embargo, el subsidio por desempleo es la barrera que evita, al menos por ahora, la explosión social. El Estado paga 2,7 millones de seguros de desempleo, según el último registro.
El caso de Javier, quien prefiere no exponer su apellido, resulta explicativo. Ganaba 1.200 euros como operario de una empresa de electrodomésticos afincada en el cinturón de Madrid. La firma dispuso despidos generalizados y, en su caso, el telegrama le llegó en febrero pasado. Desde entonces, percibe como subsidio estatal 1060 euros. Como los salarios van a la baja, los pocos puestos similares al que tenía que surgen, según cuenta, serían remunerados hoy con 800 euros y con peores condiciones generales de contratación.
En el marco de su crítica situación, Javier es privilegiado, ya que había trabajado muchos años, por lo que tiene asegurado el subsidio hasta 2013. La ley establece cuatro meses de mensualidad estatal por cada año trabajado, con un techo máximo de dos años. A muchos se les está venciendo.
El subsidio del paro es el principal dique de contención social. El problema es que si se agudiza la crisis de financiación de España, mantener el sistema estatal va a resultar dificultoso, de acuerdo a los planes del conservador Mariano Rajoy. Y la realidad desborda en múltiples aristas, sobre todo en provincias de Andalucía y Extremadura.
Como pauta del reflejo electoral, vale mencionar que en Málaga, por citar un bastión en el que el Partido Socialista Obrero Español solía sacar más del 50 por ciento de los votos, la expectativa para el domingo es de 30 puntos para Alfredo Pérez Rubalcaba.
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