Asunción (EFE, Reuters, DPA) - A comienzos de 2005, Fernando Lugo renunció al obispado del departamento de San Pedro tras declararse impotente para dar respuesta a las necesidades de una población cada vez más pobre. Poco después aseguraba que el cambio verdadero pasaba por la política.
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Formado en la Teología de la Liberación, Lugo fue acusado durante la campaña de ser un ariete de Hugo Chávez en Paraguay, pero en sus declaraciones se cuidó de despegarse del venezolano para no justificar el temor de la elite del país. De hecho, asegura no ser de izquierda ni de derecha, lo que, según él, le permite articular acuerdos entre distintas tendencias ideológicas.
Tras convertirse en el hombre que puso fin a 61 años de hegemonía del Partido Colorado, muchos coinciden en que su llegada al poder representará un quiebre respecto de las viejas estructuras y pondrá fin a una complicada transición democrática que comenzó con la caída del dictador Alfredo Stroessner en 1989.
«Lugo es el enviado de Dios que vino para salvar al Paraguay», aseveró recientemente en el Congreso el senador opositor Cándido Vera, reproduciendo el pensamiento de miles de seguidores que lo ven casi como un mesías de una nación sumida en la pobreza y conocida por la corrupción y el contrabando.
Escasa experiencia
Pese a su escasa experiencia política, Lugo partió con ventaja en la campaña por pertenecer a la Iglesia Católica, una de las instituciones más creíbles y de mayor prestigio para los paraguayos, muchos de los cuales se declaran hastiados de los partidos políticos tradicionales. «Es un poco el portavoz de los que no se sienten incluidos ni en el poder ni en la economía», dijo el economista Alvaro Caballero, analista del Centro de Información y Recursos para el Desarrollo (CIRD).
Nacido hace 56 años en el seno de una familia humilde del sur del país, se ordenó sacerdote en 1977 y viajó a Ecuador para trabajar como misionero. Seis años después, se trasladó a Roma y, tras licenciarse en Sociología, regresó a Paraguay para hacerse cargo de la Congregación del Verbo Divino.
En 1994, el papa Juan Pablo II lo nombró obispo de la diócesis de San Pedro, una de las regiones más pobres y conflictivas de Paraguay, cargo que ejerció por más de una década y desde el cual consolidó su liderazgo entre organizaciones sociales y campesinas.
En la Navidad de 2006, y luego de haber dirigido con éxito una multitudinaria manifestación contra el presidente Nicanor Duarte Frutos, anunció que abandonaba definitivamente el estado clerical para dedicarse a la política. La decisión irritó al Vaticano, que lo suspendió por tiempo indeterminado.
«Nosotros decíamos cuando iniciábamos tímidamente esta incursión en la política que el cambio en el Paraguay se viene sí o sí, que es impostergable. Y quiso Dios que nosotros fuéramos testigos, testimonios y actores de este cambio», dijo Lugo recientemente en un acto público.
Sus críticos lo acusan de estar vinculado a militantes de izquierda responsables del secuestro y asesinato de la hija del ex presidente Raúl Cubas hace poco más de tres años, pero las autoridades no han encontrado indicios que lo relacionen directamente con los autores del crimen.
Al comienzo de su campaña, Lugo se declaró un abanderado de los pobres, prometió una relegada reforma agraria y renegociar los acuerdos energéticos que su país tiene con la Argentina y Brasil, una iniciativa que inquietó a sus vecinos.
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