El extenso adiós de Tony Blair

Mundo

El 2 de mayo de 1997 a la madrugada, un camión de mudanzas retiraba del número 10 de Downing Street las pertenencias de John Major, hasta entonces primer ministro británico. No se había cerrado aún el escrutinio de votos de las elecciones celebradas el día anterior y el líder conservador ya se sabía derrotado. A las 14, Tony Blair, que estaba a punto de cumplir 44 años, entraba en la residencia oficial de los mandatarios británicos. Era el primer líder laborista en hacerlo tras 18 años de hegemonía conservadora.

El miércoles, Blair cumplirá 10 años en el poder. Diez años que transformaron el Reino Unido, 10 años de crecimiento económico y relativa modernización del país, 10 años en los que se ha tratado de recuperar el Estado del Bienestar que inventó otro laborista, Clement Atlee, y destruyó sin piedad, Margaret Thatcher.

Blair hizo un balance positivo de su gobierno. Sin autocrítica alguna. En un documento que envió, junto con una carta, a todos los diputados laboristas que lo respaldaron de forma mayoritaria -las rebeliones internas fueron considerables- en la última década, analizó exhaustivamente cada aspecto de su gestión: la herencia recibida, lo que su equipo ha hecho y los beneficios obtenidos.

De la economía dice que se vivió «el período de crecimiento más largo en 200 años y se crearon 2,5 millones de puestos de trabajo». En políticas sociales destaca que «600.000 niños dejaron de vivir en la pobreza». En las relaciones con Europa, habla del liderazgo británico en la expansión de la UE. En política exterior, recuerda el papel de Reino Unido en Kosovo, Sierra Leona, Afganistán e Irak.

En estos dos últimos casos, la intervención se justifica con este argumento: «Se trabaja con la ONU y la OTAN para desarrollar sus fuerzas de seguridad y reconstruir». No se utiliza la palabra guerra. No se hace análisis sobre las consecuencias que, sobre todo la invasión de Irak, ha tenido sobre su gobierno. Desastrosas.

Hoy los laboristas están en sus cotas más bajas de popularidad de los últimos 25 años.

  • Transformación

    El blairismo marcó, sin la menor duda, el país. En 1994, tras la muerte repentina del líder laborista John Smith, Blair se hizo con las riendas del partido y de inmediato inició una transformación profunda. Propuso a sus miembros la modificación de la Cláusula IV de los estatutos de 1918 y, con ella, la derogación de la vieja idea marxista de la titularidad pública de los medios de producción. Impuso, en definitiva, lo que se dio en llamar Nuevo Laborismo, basado en una nueva doctrina creada en el laboratorio intelectual de la London School of Economics por Anthony Giddens que, bajo el sugerente nombre de Tercera Vía, preconizaba que no había necesidad alguna de elegir entre justicia social y prosperidad económica, porque ambas opciones eran compatibles.

    Blair, convertido en uno de los líderes mundiales más carismáticos de la política moderna, se va, en todo caso, con el regusto amargo de saber que su propio partido lo desahució y lo considera ya un lastre. Los suyos le piden a gritos que tire la toalla de una vez, pese a que logró tres victorias consecutivas y llevaron a los laboristas a conseguir sus mayores cotas de apoyo.

    Blair ya no es el hombre sólido de sus primeros siete años de gobierno. Sólo 11% de los votantes está satisfecho con él y 57% cree que pasó demasiado tiempo en Downing Street. Su política exterior y el escándalo de las donaciones a cambio de títulos honoríficos lo hundieron en la última fase de su mandato. Y con él, al Laborismo, que en las elecciones -previsiblemente en 2009- puede ver cómo los conservadores reconquistan el poder.

    El origen del declive del líder laborista hay que buscarlo en marzo de 2003. El día 20 se inició la guerra de Irak. Blair, pese a reconocer los errores cometidos y a admitir que los argumentos en que se sustentó la decisión de atacar Irak eran falsos, no pidió disculpas.

    La guerra no sólo convirtió al Reino Unido en blanco del terrorismo islamista -el terrible atentado del 7 de julio de 2005 en Londres, con 52 muertos- , sino que provocó una rebelión de su propio partido de tal envergadura que la insoportable presión interna que sufrió el verano pasado lo llevó a anunciar en setiembre que no concluiría su tercer mandato y dejaría su cargo en 2007. ¿Cuándo se irá? Aunque se especula que lo puede hacer la semana próxima, es posible que Blair espere a la constitución, el 8 de mayo, de la Asamblea de Stormont en Irlanda del Norte. El premier está invitado al acto que simboliza el final de un proceso de paz que él mismo lideró desde los Acuerdos de Viernes Santo de 1998.
  • Dejá tu comentario