El francotirador de Washington se cobró ayer su décima víctima mortal, esta vez un chofer de ómnibus. Pero sumó un dato preocupante: hizo llegar a la policía un mensaje en el que declara a los niños blanco de sus próximos ataques, lo que llevó a numerosas escuelas a cerrar sus puertas. "Sus niños no están seguros en ningún lugar, en ningún momento", dice la amenaza, que sumió en un absoluto pánico a la población y que, según la prensa, sumó el reclamo de 10 millones de dólares.
La policía tenía ayer muy pocos datos de este episodio y apelaba a una nueva comunicación telefónica con una persona que se presume puede ser el asesino. «Sus hijos están en peligro», advirtió la persona en un confuso diálogo, lo que motivó el cierre de varias escuelas (ver aparte). Agregando un componente casi hollywoo-dense a este caso, los jefes de la investigación comenzaron el lunes a enviar mensajes a través de los medios de comunicación para que el asesino se vuelva a comunicar. Ayer el diario «The Washington Post» confirmó que la policía inició un diálogo con el sospechoso, pero que el mismo fue poco claro y con pocos datos concretos.
El caso de ayer guarda las mismas características que los anteriores, que hasta la fecha dejaron diez muertos y tres heridos. Si bien hay que aguardar los peritajes balísticos, el jefe de policía de Montgomery,
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