Tony Blair
aplaude a su
ministro de
Finanzas,
Gordon Brown,
su virtual
sucesor en el
poder en Gran
Bretaña. El
acto marcó la
reconciliación
pública entre
ambos, tras las
acusaciones
del premier a
su colaborador
de haber
conspirado
contra su
estabilidad en
el cargo.
Manchester (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El ministro británico de Finanzas, Gordon Brown, reclamó ayer su derecho a suceder al primer ministro Tony Blair en un discurso ante el congreso laborista que se celebra en Manchester, tras el que fue aplaudido durante tres minutos por los asistentes puestos en pie.
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«Me encantaría tener la oportunidad de enfrentarme a David Cameron y al Partido Conservador», dijo Brown, de 55 años, en la que se ha convertido en su declaración más explícita sobre su deseo de asumir el relevo de Blair en el liderazgo del laborismo y el gobierno británico.
Ambos políticos escenificaron ayer una reconciliación pública ante los miles de delegados asistentes al congreso anual laborista que se celebra en Manchester (noroeste de Inglaterra), el décimo desde que los laboristas llegaron al poder, en mayo de 1997 y el último al que Blair asiste como primer ministro y líder de la formación.
Blair siguió atentamente el discurso de su ministro y lo aplaudió en numerosas ocasiones. Pero Brown admitió que entre ellos también había habido diferencias.
«Lamento que esas diferencias hayan distraído de lo que realmente importa y sé que Tony (Blair) también lo lamenta», añadió Brown, quien expresó su determinación de contar con «todos los talentos» del partido y del país, en lo que se interpreta como una mano tendida a sus rivales en filas laboristas.
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Blair se vio forzado a principios de setiembre a anunciar que éste sería su último congreso como líder laborista y primer ministro, tras la pugna vivida entre sus partidarios y los de Gordon Brown, que fue acusado incluso de traición por sus maniobras desde el entorno del actual líder laborista.
En un discurso de casi cuarenta minutos, más propio de un primer ministro que de un titular de Finanzas, Brown expuso su visión del Reino Unido en la era post-Blair y aseguró contar con la « experiencia» y los «valores» para dirigir esa etapa.
El ministro de Finanzas abogó por que su partido se mantenga en el centro político y se comprometió con el Nuevo Laborismo, que él mismo contribuyó a construir y cuya reforma debe basarse, dijo, en el mantenimiento de una economía flexible, unos servicios públicos reformados y una cooperación global en la lucha contra el terrorismo.
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