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14 de febrero 2008 - 00:00

El más buscado de los 80 y 90

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Beirut - No hubo aspavientos ni exhibiciones dramáticas de dolor. El duelo de los seguidores de Hizbollah estaba siendo contenido y se concentraba en el Hospital al-Rasul al-Aazam de Beirut, adonde llevaron el cadáver del líder islamista. Eso no significa que la muerte de Moughniyah, personaje clave en la organización, no implique consecuencias. El mando de Hizbollah ya estudia su respuesta al inesperado ataque que acabó con la vida de uno de sus fundadores y el encargado de Inteligencia.

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Para EE.UU. e Israel era uno de los terroristas más buscados del planeta, por cuya entrega Washington ofrecía cinco millones de dólares. Para los adeptos al Partido de Dios chiita, Moughniyah fue su principal responsable de operaciones y el cerebro de algunas de las acciones más espectaculares de los años 80 y 90.

Poco se sabe de la vida de Imad Moughniyah anterior a su militancia. Se cree que nació en 1962 en la localidad libanesa de Tayr Diba, en el sur del país, aunque pronto se desplazó a Beirut, donde vivió la guerra civil, en la que habría participado activamente.

En 1976 se integró en la Fuerza 17, cuerpo de elite del movimiento Al-Fatah de Yasser Arafat, participando como francotirador en los combates contra las fuerzas cristianas, aunque se lo considera responsable de la Yihad Islámica, aparecida a principios de los 80 en el Líbano con apoyo iraní.

En 1982, tras la invasión israelí del Líbano, se sumó a los muchos líderes chiitas que respondieron al llamamiento del ayatolá

Khomeini, desde Teherán, para formar un movimiento global basado en el fundamentalismo islámico que combatiera al enemigo sionista y sus aliados.

El encuentro tuvo lugar en el valle de la Bekaa, actual feudo del Partido de Dios, en una reunión que alumbró la organización de resistencia libanesa tal como la conocemos y donde Moughniyah fue nombrado responsable de la Inteligencia.

El movimiento, emergido como una fusión entre la militancia islámica chiita del Líbano y el padrino iraní, no tardó en actuar contra los tachados como enemigos del islam: EE.UU., Israel y sus socios en el país de los Cedros.

Moughniyah estuvo implicado en muchos de los ataques más espectaculares de aquella década: EE.UU. le atribuye el atentado contra su embajada en Beirut, que se cobró 63 muertos en 1983; las bombas contra las fuerzas francesas, que costaron 241 y 58 vidas respectivamente, en 1983 y también lo acusa del secuestro del vuelo de la TWA en 1985, en el que murió un norteamericano.

Además, se lo vincula con numerosos secuestros de extranjeros reivindicados por Yihad Islámica que marcaron una época en la guerra civil libanesa, lo que convirtió en uno de los hombres más buscados de los años 80.

«Es el terrorista más peligroso que nunca hemos encontrado», explicaba el agente de la CIA Bob Baer al periodista de la CBS Dan Rather en 2002. «Es probablemente el agente más inteligente, el más capacitado que nunca hemos encontrado, incluyendo al KGB y al resto. Entra por una puerta, sale por otra, cambia de coche a diario, nunca arregla encuentros por teléfono, nunca es predecible. Sólo usa gente relacionada con él en la que puede confiar. Nunca recluta gente. Es un maestro de terroristas, el grial que buscamos desde 1983».

Eso explica por qué a finales de los 80 Moughniyah se convirtió en una sombra amparada en la clandestinidad.

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