Más de 32 millones de colombianos fueron convocados a las urnas para renovar 268 miembros en el Congreso.
La coalición del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos ganó la mayoría de los 268 escaños del Congreso de Colombia en las elecciones y, aunque mantuvo el control del legislativo, perdió terreno frente al ex presidente Alvaro Uribe que se convirtió en la primera fuerza política de oposición.
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El nuevo congreso tendrá un papel decisivo en la implementación de los acuerdos que negocia el Gobierno con la guerrilla de las FARC para lograr la paz y poner fin a un conflicto interno de 50 años que ha dejado 200.000 muertos.
Escrutado el 94,39 por ciento de las mesas para la elección del Senado, de 102 miembros, el oficialista Partido Social de Unidad Nacional (U) de Santos obtiene el 15,12 por ciento de los votos, lo que le daría 21 escaños frente a los 25 que tiene actualmente.
En segundo lugar figura el derechista Centro Democrático (CD), fundado el año pasado y cuya lista es encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010), con el 14,69 por ciento (20 escaños).
Las votaciones, las primeras en los 15 meses que lleva el diálogo de paz en Cuba, definieron la nueva composición política del Congreso y pusieron a prueba la coalición del Gobierno de Santos, quien buscará su reelección en mayo.
Uribe es el principal crítico de la negociación de paz que mantiene Santos con las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Más de 32 millones de electores estaban habilitados para sufragar, en unos comicios marcados por la abstención de más del 50 por ciento. El voto no es obligatorio en Colombia.
Unos 260.000 efectivos de las Fuerzas Armadas garantizaron la seguridad durante las elecciones en las que no se registraron ataques de la guerrilla como sucedió en votaciones anteriores.
Santos cuenta actualmente con un apoyo de cerca del 80 por ciento en el legislativo con los Partidos de la U, Conservador, Liberal, Verde y Cambio Radical, lo que le permitió aprobar leyes económicas y sociales claves como la que devuelve tierras a desplazados por la violencia e indemniza a las víctimas.
Pero ese respaldo se redujo con el avance de Uribe como opositor, sin afectar dramáticamente el apoyo requerido para impulsar reformas que sólo necesitan una mayoría simple.
El popular Uribe, y sus copartidarios, podrían intentar bloquear leyes que faciliten a los líderes de las FARC entrar a la política sin pagar una considerable pena de cárcel.
El Gobierno y las FARC lograron en el 2013 un acuerdo que permitiría que la guerrilla se convierta en un partido político.
Uribe se opone a que los líderes de las FARC, consideradas terroristas por EEUU y la UE, puedan ser elegidos congresistas en un futuro sin haber pagado con cárcel por los delitos cometidos en medio del conflicto.
La negociación de paz, que podría extenderse en el futuro al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en un proceso separado, se cumple en medio de la confrontación.
La apuesta del presidente es concluir cuanto antes un acuerdo con la guerrilla para pasar a la historia como el hombre que puso fin al conflicto interno más antiguo del continente.
Santos, un político de centro derecha de 62 años, es favorito para ganar la reelección en las presidenciales de mayo, pero un inusitado nivel de voto en blanco y de indecisos lo podría obligar a medirse en una segunda vuelta, posiblemente con Oscar Iván Zuluaga, el candidato de Uribe.
Si gana, Santos también necesitará del Congreso para impulsar reformas que apuntan a reducir el desempleo de cerca del 9 por ciento, la pobreza que afecta a casi la mitad de los 47 millones de habitantes y alentar el crecimiento de la cuarta economía de América Latina con mayor inversión extranjera.