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13 de enero 2008 - 00:00

El Papa dio misa de espalda a los fieles

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El papa Benedicto XVI celebró hoy en la Capilla Sixtina, de espaldas a los fieles, la consagración eucarística de una misa de bautismo y auspició después, durante el Angelus, que los hijos de los inmigrantes tengan "un futuro".

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Por primera vez en decenios, el Pontífice ofició la eucaristía, como en el rito preconciliar, dando la espalda a los fieles, si bien la celebración se desarrolló después según el misal postconciliar: todo el rito se celebró en italiano siguiendo el esquema introducido por Pablo VI.

En ocasión del tradicional bautismo de principios de años, el Papa utilizó el antiguo altar de la Capilla, adosado a la pared y bajo el grandioso fresco del Juicio Universal de Miguel Angel, en lugar del altar móvil colocado en una tarima de madera.

Este último, usado durante el pontificado de Juan Pablo II, se colocaba en el centro del área sacra, de manera que los celebrantes podían mirar a los fieles en la cara.

La Oficina de celebraciones litúrgicas, encabezada por el nuevo maestro de ceremonia monseñor Guido Marini, explicó ayer que la decisión de retomar el antiguo altar se debía a la intención de no alterar toda "la belleza y la armonía de esta joya arquitectónica" que es la Capilla sixtina.

Durante el rito de hoy, Benedicto XVI bautizó a 13 pequeños (ocho niñas y cinco niños), todos hijos de empleados vaticanos.

En la homilía, pronunciada sentado en el trono de madera a la izquierda del altar, Benedicto XVI recordó que Dios tiende la mano al hombre para salvarlo de la "vorágine" del pecado. "Todos sentimos, percibimos interiormente que nuestra existencia es un deseo de vida que invoca una plenitud, una salvación: esta plenitud de vida nos viene dada por el bautismo", explicó.

A continuación se desarrolló el rito del bautismo, la invocación a Dios para que destruya el poder de Satanás y libere a los niños del pecado original, dándoles "luz infinita".

Uno a uno, los 13 recién nacidos -ocho niñas y cinco niños- fueron llevados ante el Papa, que primero trazó sobre sus pechos la señal de la cruz con el aceite sagrado y después echó sobre sus cabezas el agua bendita, símbolo de purificación.

El rito concluyó entre bendiciones, cantos y un episodio curioso: el anillo del Pescador, símbolo pontificio que Joseph Ratzinger lleva siempre en su dedo, cayó inadvertidamente al suelo, cerca del altar.

Tras unos iniciales momentos de aprieto, monseñor Marini lo encontró y se lo dio rápidamente al Papa que, encabezando una pequeña procesión, abandonó la Capilla con el anillo en el dedo.

Después de la misa, el Papa se asomó a la ventana de su apartamento, en el tercer piso del Palacio Apostólico, para rezar el Angelus ante las decenas de miles de personas congregadas en la plaza.

Durante el Angelus, Benedicto XVI habló nuevamente de niños, pero sobre todo de los pequeños inmigrantes: denunció el drama de niños y adolescentes que nacen y crecen en campos de refugiados e invocó para ellos "un futuro".

También se dirigió a los jóvenes inmigrantes, exhortándoles a respetar las leyes, a no abandonarse nunca a la violencia, y a construir "junto con sus coetáneos, una sociedad más justa y fraternal".

"Numerosos son los jóvenes que varios motivos empujan a vivir lejos de sus familias y de sus países", explicó el Pontífice durante el Angelus en la plaza de San Pedro, en ocasión de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado.

El Papa denunció además que "particularmente sometidos a riesgo están las muchachas y los menores".

Se trataba de consideraciones retomadas del mensaje publicado hace unas semanas y escrito por la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado que se celebraba hoy.

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