Ciudad del Vaticano (ANSA, Reuters) - La guerra en Irak puede y debe evitarse y Tierra Santa debe ser salvada del odio que la devasta, fue el apremiante mensaje navideño lanzado ayer por Juan Pablo II a los fieles presentes en la Plaza San Pedro, transmitido a 50 países de todos los continentes por radio y televisión.
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Juan Pablo II tuvo también un párrafo de su homilía para América latina «donde crisis políticas, económicas y sociales inquietan a numerosas familias y naciones».
«La Navidad es un misterio, un misterio de paz», afirmó el Papa, quien al evocar el nacimiento de Jesús afirmó que desde la gruta de Belén «llega un apremiante llamamiento al mundo para que no ceda a la desconfianza, a la sospecha, al desaliento, aún cuando el trágico fenómeno del terrorismo aumenta las incertidumbres y los temores».
El pontífice, de 82 años y con signos de fragilidad, no leyó un discurso y lo dirigió «urbi et orbi» (a la ciudad y al mundo). Instó a poner fin a la «espiral de odio» en Tierra Santa y a conjurar «un nuevo conflicto en Medio Oriente. Allí deben ser apagados los siniestros resplandores de un conflicto que se puede evitar si todos se empeñan», afirmó.
Aunque el Papa no mencionó explícitamente a Irak, indicó que ese conflicto «puede ser evitado con el compromiso de todos».
Ayer fue la 25ª celebración de la Navidad de Karol Wojtila como Papa. Juan Pablo II denunció «el peligro de la intolerancia y la discriminación». El mensaje del Papa se extendió también a «Africa, donde carestías devastadoras y luchas intestinas agravan las condiciones, ya precarias, de pueblos enteros».
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