El respaldo al antieuropeismo en las elecciones de Italia enciende alarmas en la Unión Europea
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Hace apenas veinte días, durante su visita a Berlín, el primer ministro Paolo Gentiloni le había asegurado al canciller alemán que después del 4 de marzo, en Italia no iba a haber un gobierno con posiciones ultra derechistas y antieuropeas.
Una certeza que había subrayado a Alemania como a Francia, lo que les llevó a reiterar el eje de tres con Italia y esas naciones, en la Cumbre Europea del 23 de febrero en Bruselas. Una certeza que duró solo unas pocas semanas y terminó resquebrajándose.
El único que había dado voz anteriormente a la preocupación que se extiende en Bruselas en este momento, después de la primera fotografía electoral italiana con la victoria del M5S -el más votado en soledad- y el avance de la Liga del Norte, fue el presidente de la Comisión de la UE, Jean Claude Juncker.
El 22 de febrero había evocado al "peor escenario posible" tras las parlamentarias italianas: un gobierno no operativo, que sea una coalición hermética, abierto a fuerzas populistas que consideran a la Unión Europea como la causa de los males y no su solución.
Una posibilidad que, según Juncker, también asustaría a los mercados. Tanto es así que la Comisión Europea se estaba preparando para enfrentar una posible turbulencia financiera en la segunda semana de marzo.
Sin embargo, la reacción de los mercados no es el mayor temor de las instituciones europeas en este momento. De hecho, las bolsas de valores en el último mes no han registrado ningún peligro de inestabilidad en Italia, y tampoco en Europa, como recuerda a menudo el presidente del BCE Mario Draghi. Es que la UE está hoy mucho más equipada que antes para enfrentar esos riesgos.
En realidad, la mayor preocupación es de naturaleza política: Italia, el país fundador de la Unión, la tercera economía de la zona del euro, siempre ha garantizado un compromiso incondicional con la construcción del proyecto europeo.
Y celebró con las instituciones europeas cuando los holandeses, en las urnas, detuvieron a Wilders o a la francesa Le Pen. Ahora, en cambio, los amigos de Wilders y Le Pen podrían encontrarse en el gobierno italiano.
Con consecuencias obvias para el futuro de la Unión: junto con Alemania y Francia, Italia desempeña un papel fundamental en la construcción abierta de reformas, desde la de la zona euro hasta el nuevo Tratado de Dublín. Alejarse del eje franco-alemán podría empujarla inexorablemente hacia el aislamiento.




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