Empezó el juicio contra el mayordomo del Papa por el escándalo "Vatileaks"
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El Papa Benedicto XVI junto a Paolo Gabriele en el Papamóvil
El mayordomo reconoció los hechos. Durante los interrogatorios, Gabriele explicó que actuó para revelar el "mal y la corrupción" que había en el Vaticano. Creía que actuaba por orden "del Espíritu Santo", consideraba que el Papa no estaba suficientemente informado de todos los escándalos y quería reconducir a la Iglesia "por el buen camino".
Detenido el pasado 23 de mayo, pasó 53 días en una celda de la gendarmería del Vaticano, antes de ser puesto bajo arresto domiciliario a finales de julio. El proceso podría desarrollarse de forma rápida, ya que Gabriele admitió los hechos, pero sus abogados pueden presentar objeciones de jurisdicción o de nulidad que alargarían su duración. En cualquier caso, es muy probable que el mayordomo se beneficie de la gracia papal, a pesar de que, según su entorno, Benedicto XVI resultó "profundamente herido" por la traición de alguien al que "conocía, quería y respetaba".
Entrevistado en febrero, de forma anónima, en la televisión, Gabriele afirmó que una veintena de personas "en los distintos organismos" del Vaticano estaban implicados en "Vatileaks". Sin embargo, hasta el momento, únicamente Claudio Sciarpelletti es juzgado junto a él y su papel está considerado como secundario.
Al referirse a Paolo Gabriele, los investigadores hablan de un "hombre sensible, capaz de cometer acciones que pueden perjudicarlo a él y a los demás". Se han realizado dos informes psiquiátricos de Gabriele. Uno habla de un "grave malestar psicológico caracterizado por la ansiedad, la tensión, la ira, la frustración". El otro, por su parte, se refiere a "una personalidad frágil con aspectos paranoicos que esconden una profunda inseguridad".
En la entrevista concedida a Nuzzi, Gabriele afirmó ser consciente de las consecuencias de sus actos y de los riesgos que asumía. Pero añadió que "ser un testigo de la verdad significa estar dispuesto a pagar el precio".




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