2 de mayo 2005 - 00:00

En contra: dudas por guerra en Irak

Londres (EFE, Reuters) - A cuatro días de las elecciones generales, el primer ministro británico, Tony Blair, se vio ayer obligado a defender su integridad, cuestionada tras la filtración de otro documento oficial sobre su polémico apoyo a la guerra de Irak. El espectro de la guerra, que ha provocado una caída en picada de la popularidad del líder laborista, volvió a irrumpir ayer en la campaña electoral y sirvió a los partidos de la oposición para volver a cargar contra la credibilidad del primer ministro. Blair, que aspira a un histórico tercer mandato, se desayunó con la publicación de un memorándum confidencial que deja entrever su apoyo al plan del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, para forzar un cambio de régimen en Irak ocho meses antes de la guerra. El documento, filtrado al «Sunday Times», da cuenta de una reunión, celebrada en Downing Street (despacho oficial del primer ministro) en julio de 2002.

En esa reunión, a la que asistieron ministros y altos mandos militares, Blair planteó la posibilidad de «un cambio de régimen» en Irak, semanas después de entrevistarse con el presidente estadounidense en su rancho de Crawford (Texas).

Según el dominical, los papeles prueban que el primer ministro se comprometió en secreto con Bush a derrocar por la fuerza al dictador Saddam Hussein pese a ser advertido por el fiscal general británico, Peter Goldsmith, de la posible ilegalidad de esa acción. La revelación pone en duda la conducta del líder laborista, quien siempre sostuvo que no decidió ir a la guerra, iniciada el 20 de marzo de 2003, hasta que se le dio a Saddam el último aviso para deponer sus supuestas armas de destrucción masiva, inexistentes, como se comprobó tras la guerra.

El jefe del gobierno británico también sostuvo en todo momento que su objetivo nunca fue derribar al dictador iraquí por la fuerza. Pese al «puente» del 1 de mayo (hoy es festivo en el Reino Unido), Blair se embarcó ayer en una frenética ronda de entrevistas en radio y televisión y actos ante simpatizantes laboristas para responder a la filtración y defender su integridad. En declaraciones a la cadena pública BBC, el primer ministro rechazó la idea de haber decidido atacar a Irak en julio de 2002, ya que «después de la reunión (en Downing Street) volvimos a la ONU para darle una última oportunidad» a Saddam Hussein.

• Interrogante

El mandatario laborista argumentó que, «si Saddam se hubiera adherido a la resolución de la ONU, todo habría acabado, pese al hecho de que su régimen era el más espantoso».

«¿Por qué en las dos últimas semanas de la campaña electoral, los conservadores y los liberal-demócratas (tercer partido británico) quieren hablar sobre Irak?», se preguntó el jefe del Ejecutivo.
«Quieren hablar del pasado sobre Irak porque no tienen nada que decir sobre el futuro del Reino Unido; sobre la economía, la salud pública o la educación...», concluyó el candidato laborista.
El jefe del Partido Conservador,
Michael Howard, quien apoyó la invasión de Irak, volvió a acusar una vez más al primer ministro de mentir ante el Parlamento.

«¿Qué es peor, acusar a alguien de mentiroso o meter al país en una guerra basada en una mentira?», se preguntó Howard, tratando de justificar su insistencia en tildar de «mentiroso» a Blair. Charles Kennedy, líder liberal-demócrata y detractor de la guerra, exigió transparencia al jefe del gobierno y agregó: «Incluso si consigue un tercer mandato, Tony Blair es ahora un caso perdido como primer ministro. Irak perseguirá su liderazgo y su legado...».

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