Tony Blair vivió ayer un clima hostil en el último congreso de sindicalistas laboristas al que asistió antes de su anunciada salida del poder. «Tiempo de irse» y «Blair afuera » decían los carteles levantados por los izquierdistas.
Londres (EFE, AFP) - El primer ministro británico, Tony Blair, se metió ayer en la boca del lobo al pronunciar un discurso en el congreso de los sindicatos británicos, en medio de protestas por la guerra de Irak y su agenda privatizadora de los servicios públicos.
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En su última intervención como jefe de gobierno en ese congreso anual de los tradicionales aliados del laborismo, Blair vio cómo alrededor de una treintena de sindicalistas abandonaban la sala de Brighton donde se celebraba el congreso, mientras otros agitaban pancartas con leyendas como «Blair, fuera» o «Andate ya».
El líder del sindicato de transportes RMT, Bob Crow, protagonizó una estampida al frente de algunos afiliados mientras se preguntaba en voz alta por el sentido de «escuchar a alguien al que no se puede creer ni una palabra de lo que diga».
«Cuando estaba en la oposición, Blair prometió ferrocarriles públicos, una política exterior ética y leyes laborales plenas, y lo que nos ha dado en cambio son privatizaciones, guerras ilegales y la legislación más antisindical de toda Europa», denunció Crow, evidentemente un militante del ala más dura del laborismo y un opositor a la agenda moderna del premier.
Cuando Blair se refirió al terrorismo islamista para quejarse de que muchos occidentales vean como «una amenaza» al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y no ese fenómeno, varios delegados gritaron «Claro que sí» y otros, «Tropas, fuera».
Visiblemente irritado, el líder laborista les dijo que debían estar, por el contrario, «orgullosos de lo que estamos haciendo en apoyo de los demócratas de Irak».
«Pueden levantar las pancartas referidas a las tropas, pero la razón por la que nuestras tropas están allí es porque los gobiernos democráticos de Irak y Afganistán las necesitan para proteger a sus pueblos contra los talibanes y Al-Qaeda», agregó.
«No hay justificación alguna para el terrorismo, nunca la hubo y jamás la habrá. Así que hay que combatirlo donde quiera que esté», afirmó el estrecho aliado de Bush. Por otro lado, defendió la privatización de servicios públicos afirmando que eso elevó su calidad.
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