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4 de febrero 2002 - 00:00

Enron: el mal uso de opciones sobre acciones causó escándalo

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Como todo el mundo sabe, las opciones sobre acciones alcanzaron su mayor popularidad a finales de los '80 y en los '90. La teoría era simple. Si se convertía en propietarios a los más altos directivos y gestores de las empresas, su actuación iría en la línea de los intereses de los accionistas. Los paquetes retributivos de los directivos de empresa se vincularon de forma creciente con las opciones sobre acciones. En el año 2000, el típico consejero delegado de cualquiera de las 350 principales empresas del país cobraba unos 5,2 millones de dólares, y casi la mitad de esa suma se componía de opciones sobre acciones, según William M. Mercer Inc., una empresa de consultoría. Prácticamente la mitad de esas empresas tenía establecidos programas de opciones sobre acciones igualmente para la mitad de sus trabajadores, en el peor de los casos. Hasta cierto punto, la teoría funcionaba.

Hace 20 años, las empresas japonesas y alemanas iban sobre ruedas. Por el contrario, sus rivales de EE.UU parecían mastodónticas y burocráticas. Las opciones sobre acciones constituyeron uno de los instrumentos de una revolución de la gestión empresarial que volvió a centrar la atención en una mejora de la rentabilidad y de la eficacia en lugar de en el levantamiento de grandes imperios empresariales. Todo ello contribuyó a la recuperación económica de los años '90.

Ahora bien, poco a poco, las opciones sobre acciones empezaron a perder su sentido original por culpa de la ligereza con que se daban. A medida que más directivos acumulaban considerables participaciones individuales en opciones, el fin de mantener al alza el precio de las acciones se disoció del de mejorar las condiciones de rentabilidad. Eso es lo que parece que ha ocurrido en Enron.

En la empresa se profesaba auténtica adoración por las opciones sobre acciones. Más o menos 60% de los empleados recibía en forma de opciones un incentivo anual equivalente a 5% de su salario base. Los cuadros con responsabilidad y los principales directivos de la empresa recibían más. A finales del año 2000, todos los gestores y trabajadores tenían en su poder opciones por valor de casi 47 millones de acciones. De acuerdo con un plan normal de opciones, el receptor obtiene una opción que le da derecho a comprar un número predeterminado de acciones al precio de mercado del día en que se emitió la opción. Esto se conoce como precio de entrada. Lo normal, sin embargo, es que la opción no pueda hacerse efectiva más que transcurridos años. Si durante ese tiempo sube el precio de la acción, la opción puede reportar grandes beneficios. El afortunado receptor compra al precio de entrada y vende a precios de mercado.



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