Europa celebró, pero omitió sus temas polémicos
-
Terremoto en Venezuela: reportan más de 30.000 desaparecidos y la cifra de muertos y heridos escala
-
Trump estalló en un almuerzo contra senadores republicanos tras no ser respaldado en el conflicto con Irán
Angela
Merkel y
Jacques
Chirac en
Berlín, donde
la Unión
Europea
celebró
medio siglo
de su
fundación. El
tradicional
eje francoalemán
no
logró sacar al
bloque de la
parálisis
política.
Como dijo en su intervención el primer ministro italiano, Romano Prodi, el único gobernante invitado a hablar, «Europa es el antídoto de nuestros males».
Con sus colegas (todos hombres) sentados a su espalda, la anfitriona, Angela Merkel, conmovió al público al recordar desde la tribuna su propio pasado.
«Crecí al este de esta ciudad, en la República Democrática Alemana. Cuando se firmó el Tratado tenía tres años, siete cuando construyeron el Muro, que dividió también a mi familia, y nunca habría creído que antes de la jubilación habría podido viajar libremente. Mis caminos terminaban a pocos metros de aquí».
Pero el Muro cayó y quien terminaría convirtiéndose en la primera mujer al frente del gobierno en Alemania aprendió en carne propia que «no debemos aceptar que las cosas sean siempre como son».
A los escépticos de hoy les recordó el comentario de aquel político francés de la época, quien a propósito del documento firmado en Roma dijo: «Los tratados son como las chicas jóvenes y las rosas: duran lo que duran».
Pues bien, añadió Merkel, «hoy podemos decir que el rosal ha florecido espléndidamente y que una chica, ya no tan joven, de acuerdo, ha firmado su conmemoración».
La alusión de la canciller a la necesidad de dar «una base renovada a los fundamentos comunes» de la UE de aquí a 2009, fecha de las próximas elecciones europeas, fue recibida con aplausos espontáneos. Sólo el presidente polaco, Lech Kaczynski, reaccionó con semblante serio a esta velada invitación a desatascar el Tratado constitucional, que permanece bloqueado desde que franceses y holandeses lo rechazaron en sendos referendos en 2005.
En rueda de prensa posterior, Merkel concretaría su plan de trabajar de aquí a junio en la formación de una masa crítica de países favorable a la convocatoria de una nueva conferencia intergubernamental que vuelva a negociar algunos elementos de ese tratado de forma que pueda ser ratificado por todos, incluidas Francia y Holanda. Pero, advirtió, «lo que decidamos tendrá efectos duraderos, para bien o para mal. Un fracaso sería histórico».
Aparte de celebrar «la historia de un éxito», como la calificó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, la Declaración de Berlín pretendía unir a los gobiernos europeos en el objetivo común de completar las reformas internas prometidas por la Constitución, aunque las diferencias impidieron que apareciera ninguna mención directa al Tratado constitucional.
«Con la unificación europea se ha hecho realidad un sueño de generaciones anteriores. Nuestra historia nos reclama que preservemos esta aventura para las generaciones venideras. Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos», afirma la Declaración.
Y concluye: «Henos aquí, por tanto, cincuentaaños después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el empeño de dotar a la Unión Europea de fundamentos comunes renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. Porque sabemos que Europa es nuestro futuro común».



