Pekín (EFE) - El magnate chino-holandés Yang Bin considerado por la revista «Forbes» como el segundo hombre más rico de China en el año 2001, fue condenado ayer a 18 años de cárcel por «fraude».
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«El Tribunal ha rechazado todas las pruebas exculpatorias que presentamos y ha considerado a mi cliente culpable de todos lo cargos», confirmó Tian Wenchang, abogado de Yang a la salida del Tribunal Popular de Shengyang (capital de la provincia nororiental de Liaoning).
Yang, de 40 años, detenido en noviembre pasado por «evasión de impuestos», fue juzgado a mediados de junio por «soborno, apropiación ilegal de terrenos, fraude y falsificación de documento público». Yang es el último de una lista interminable de hombres de negocios caídos en desgracia desde que Jiang Zemin abrió las puertas del Partido Comunista a «empresarios y profesionales liberales» en noviembre pasado.
Entre las víctimas de esta nueva campaña anticorrupción se destacan el hombre más rico de Shanghai, el contratista inmobiliario Zhou Zhengyi, actualmente bajo arresto domiciliario; y el director de la sucursal del Banco de China en Hong Kong, Liu Jinbao, bajo investigación fiscal. Además, el tribunal también dictaminó que la compañía multinacional hortícola Shenyang Eurasia -buque insignia del emporio empresarial de Yang-tendrá que pagar multas por valor de más de un millón de dólares. Al parecer,Yang recaudó más de 600 millones de dólares libres de impuestos en el mercado bursátil de Hong Kong por medio de la falsificación de documentos financieros y cerca de 100 millones en operaciones fraudulentas entre mediados y finales de los años '90.
El magnate, de 40 años, obtuvo su fortuna mediante la venta de orquídeas -negocio que aprendió durante su estancia en Holanda en los años '80-, luego de lo cual decidió recrear su «Pequeña Amsterdam» en el nordeste de China, un proyecto inmobiliario que se convirtió en un absoluto fracaso.
Aunque «Forbes» calculaba su fortuna en 900 millones de dólares, la salida a la luz pública de varios escándalos financieros relacionados con la gestión de sus empresas han colocado a Yang al borde de la bancarrota.
Según la prensa oficial, los fallidos negocios de Yang le han supuesto unas deudas de más de 130 millones de dólares, en su mayoría en forma de préstamos bancarios. Diplomáticos occidentales vinculan también la caída en desgracia del empresario con la decisión de Pyongyang de colocarlo al frente de su primer experimento capitalista, la zona económica especial de Sinuiju, sin consultar previamente con China.
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