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20 de febrero 2008 - 00:00

Fidel Castro renunció ayer a la presidencia del Consejo de Estado y a ser comandante en jefe del Ejército de Cuba, con lo cual voluntariamente abandonó el poder del régimen, tras 50 años. La decisión no sorprendió, más bien confirmó una realidad: reconoció así que su enfermedad no le permite ejercer el gobierno de la isla y que Cuba debe comenzar a discutir su sucesión, que hasta anoche parecía recaer nuevamente en su hermano Raúl. Ya comenzaron las especulaciones sobre el rumbo que tomará la isla y el grado, si la hay, de libertad que sus ciudadanos podrán tener en el futuro. Mientras tanto, Hugo Chávez, con pocas expectativas, intentará ejercer el rol que por 5 décadas tuvo Castro como "patrón" del socialismo regional. Queda para la Argentina un dato trascendente para el momento en que se escriba la biografía definitiva. Fue en Córdoba, en julio de 2006, donde el cubano mostró signos de su enfermedad mientras participaba de una cumbre del Mercosur. En ese momento, estaba siendo cuestionado por la violación de los derechos humanos. Precisamente allí asistía a su último acto público, cuando fue a conocer la casa del Che Guevara en Alta Gracia.

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Fidel Castro dio a conocer su decisión en una nota enviada a «Granma». Su renuncia fue indeclinable y los ojos del mundo se centran ahora en la sucesión.
La Habana (EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA) - El convaleciente presidente cubano, Fidel Castro, cerró ayer un capítulo histórico en Cuba al anunciar su retirada definitiva del poder, en un «mensaje» publicado por el diario oficial «Granma» en el que adelanta que no « aspirará» de nuevo a la jefatura del Estado ni al cargo de comandante en jefe, puestos que serán definidos el próximo domingo.

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«A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, les comunico que no aspiraré ni aceptaré -repito-, no aspiraré ni aceptaré, el cargo de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe», señaló Castro en un «Mensaje del comandante en jefe» que publicó ayer el órgano estatal del Partido Comunista Cubano.

  • Neutral

  • Concluye así una era en Cuba, con las puertas abiertas para cambios en la cúpula de poder por primera vez en casi medio siglo en la isla, aunque en su «mensaje» Castro no expresa una preferencia por ninguna persona que pudiera ocupar su puesto.

    El próximo domingo, la Asamblea Nacional ( parlamento unicameral cubano) se reunirá en su primera sesión tras las elecciones del pasado 20 de enero. De acuerdo con la ley cubana, en dicho encuentro los 614 nuevos diputados, entre los que figura Fidel Castro, deben elegir de entre sus filas a los 31 miembros del Consejo de Estado, cuyo presidente ejerce a la vez el puesto de jefe de Estado y de gobierno.

    Desde que se instituyó este sistema, en 1976, Fidel Castro había venido ocupando de forma ininterrumpida este doble cargo, hasta que el 31 de julio de 2006 delegó de forma « provisional» sus poderes en su hermano Raúl, y nunca más volvió a comparecer en público. Su prolongada convalecencia alentó las expectativas de un cambio en la cúpula cubana, tras casi medio siglo con Castro al frente de los designios de la isla.

    Con la retirada de Castro de la primera línea del poder, se abre un nuevo capítulo en la historia de Cuba. Hasta su enfermedad, más de 70% de los cubanos no había conocido a otro líder.

    Raúl Castro, de 76 años, hermano menor de Fidel, figura como el candidato favorito. Número dos del régimen, ministro de las Fuerzas Armadas desde 1959, ha desempeñado interinamente el cargo de presidente del Consejo de Estado (Ejecutivo) desde el 31 de julio de 2006.   

  • «Outsider»

    Por otro lado, integrante de la generación sucesora, Carlos Lage, médico de 56 años, uno de los cinco vicepresidentes del Consejo de Estado, figuraría como eventual «outsider», en caso de que la dirección de la isla, bajo el mando de Fidel y Raúl, decidiera « rejuvenecer» la máxima dirigencia cubana.

    No obstante, las perspectivas de cambio en Cuba generaron opiniones diversas entre analistas locales, pero descartan transformaciones inminentes y la pérdida de poder del dictador.

    Julio Burdman, director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano, consideró que el anuncio «es un paso más hacia el pos-Castro, ni el primero ni el último, y hay que entenderlo en función del contexto internacional».

  • Poscastrismo

    El académico analizó que en el contexto internacional «no hay ningún actor que no pida y esté dispuesto a ayudar a una transición ordenada del poscastrismo», incluso «se puede imaginar un acercamiento con Estados Unidos en la medida en que Cuba siga enviando señales de levantar la dureza del régimen».

    Para la isla, agregó, se presenta «una oportunidad política interesante que no tuvo en 50 años y que no van a desaprovechar, más con un mundo que se anticipa va a ser bastante paciente con la democratización gradual».

    Pero para Burdman, «en Cuba no hay demasiado interés en que haya cambios demasiado importantes y bruscos, sino que existe un consenso gradualista, por más que el Estado y el marco legal sin Fidel no van a ser los mismos».

    Lejos de alentar transformaciones, el director de Relaciones Internacionales de la UB dijo que Raúl Castro «no es todavía el cambio» y por la estructura de poder en la isla, «tampoco está claro quién va a encarnar el cambio», que ya se empezó a despejar en lo económico con la llegada de las inversiones extranjeras directas.

    Finalmente, Burdman graficó que la apertura ya no podrá contar con el mito del desembarco de los cubanos exiliados en Miami: «Muchos de ellos ya murieron o están muy viejos, y sus hijos se sienten norteamericanos. Igualmente, es un escenario que sólo podría darse cuando Fidel fallezca y no con su solo alejamiento del poder».
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