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Hugo Chávez sale manejando un «escarabajo» después de votar en Caracas. La jornada electoral
presentó un nivel de participación superior al habitual.
De antemano alertaban sobre el peligro de fraude y cuando trascendieron a través de Telesur -canal oficial que transgredió la prohibición de difundir «bocas de urna»- datos que otorgaban a Chávez un triunfo holgado, se multiplicó el malestar. A esa hora, desde Miraflores, los chavistas hablaban de una diferencia de «30 puntos» a favor del bolivariano. El resultado oficial reducía esa diferencia a 22 puntos.
Con la información que difundió Telesur se esparció, como una peste, el malestar aumentado por la convicción de que el bolivariano ganó con fraude. Para los chavistas, en tanto, fue la campana para salir a las calles, en autos y camiones, a copar las plazas de Caracas, incluso en barrios pro-Rosales. Eso ocurrió en la plaza Altamira. No fue una maniobra improvisada: ese sitio figuraba, previamente, como potencial núcleo de concentraciónde los opositores para protestar contra «el fraude del gobierno» explicaron desde el comando de Rosales. Más rápidos, los chavistas los madrugaron.
Sin embargo, no hubo disturbios graves. Se produjeron algunos incidentes pero nada serio cotejados con los prenuncios tremendistas. Poco, o casi nada, si se lo compara con la inseguridad urbana: el sábado a la noche, en el gran Caracas se reportaban 16 asesinatos.
Dos días lluviosos, pesados, en pleno otoño caraqueño, precedieron la jornada calurosa y húmeda de ayer. Desde temprano, largas filas de personas se apiñaron. Hubo casos, como en la barriada Petare, en que comenzaron a reunirse en los centros de votación poco después de la medianoche. Las mesas se abrieron a las 6. El cierre, salvo casos puntuales, se concretó a las 16. Compleja de por sí -el mecanismo es engorroso- la votación fue lenta y tumultuosa. En las primeras horas, Yaneth Hernández, vice del CNE, lo atribuyó a que la concurrencia fue «récord histórico». Algunos inscriptos tuvieron que esperar más de 6 horaspara poder sufragar. Por la lentitud, en el municipio Libertador, en Caracas, existieron quejas masivas. «Queremos votar, queremos votar», se quejaban los vecinos. Una ironía: en medio de una fuerte convocatoria a votar, en la que coincidieron (quizá en lo único) el oficialismo y la oposición, hacerlo se volvió una dificultad.
Las demoras fueron el dato delicado de la jornada. Los captahuellas -sistema que permite confirmar la identidad mediante la lectura de las huellas digitales- demoraron, hasta la furia, la votación. En el liceo Andrés Bello, en el centro de Caracas, al mediodía había colas de 500 metros. Ese dato se reprodujo en todo el país, al igual que las quejas por errores -la oposición sostuvo que programados- con las máquinas de voto electrónico que emitían «comprobantes en blanco» cuando se habían producido votos positivos.
Así y todo, el CNE y los distintos grupos de observadores internacionales avalaron ayer la transparencia del proceso electoral.



