El centroizquierda llegó ayer por primera vez al poder en la historia de Uruguay, quebrando la tradicional alternancia entre colorados y blancos. Después de dos intentos fallidos, su candidato, Tabaré Vázquez, logró la mayoría absoluta de los votos y logró así evitar el ballottage. Datos parciales le adjudicaban anoche también mayoría en las dos cámaras del Parlamento, algo que facilitará su gestión. En medio de un imponente festejo de sus seguidores en Montevideo, el presidente electo, que asumirá el 1 de marzo próximo, dio un primer mensaje de moderación e inclusión de todos los sectores. Se descuenta que Vázquez, de 64 años, seguirá el modelo de Lula da Silva en Brasil, el de una izquierda moderna, favorable a las inversiones y alejada de cualquier exceso ideológico. Así lo aseguró quien será su ministro de Economía, el moderado Danilo Astori, cuya designación en plena campaña fue un claro guiño a la comunidad de negocios y los inversores. Esto será así más allá de la posible presión de algunos elementos de izquierda dura que persisten en el Frente Amplio. La expectativa es que el futuro gobierno no altere las bases de la actual recuperación económica que, basada en el cumplimiento de las obligaciones externas del país, casi duplica a la Argentina en tasas de crecimiento. También se espera que no caiga en el error de Fernando de la Rúa, quien abortó en 1999 la salida de la recesión con una fuerte suba de impuestos. Un dato a favor será la esperada suba de los precios de la carne, que beneficiará netamente al Uruguay por ser un país libre de aftosa.
Tabaré Vázquez, el hombre del día en la elección de ayer en Uruguay (izquierda). Aun antes de que cerraran los comicios, los simpatizantes del Frente Amplio se volcaron a las calles de Montevideo para celebrar (derecha).
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