Washington - La sorpresiva visita de ayer del presidente George W. Bush a Irak se inscribe en un contexto de tensión política en Estados Unidos, con la reanudación de las sesiones del Congreso dominado por la oposición y a pocos días de informes clave sobre la situación iraquí.
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El presidente se ha esforzado en defender su estrategia iniciada en enero de enviar unos 26.000 soldados de refuerzo a Irak para tratar de frenar la violencia y ayudar a la estabilización del país.
El mandatario realizó su tercera visita a Irak desde la invasión de 2003 liderada por Estados Unidos, que derrocó al régimen de Saddam Hussein, junto a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice; el asesor de seguridad nacional, Stephen Hadley, y el secretario de Defensa, Robert Gates.
La decisión de enviar refuerzos a Irak ha recibido cada vez más críticas en Estados Unidos de los opositores demócratas, mayoritarios en el Congreso, pero también de algunos republicanos, que se han desmarcado recientemente del gobierno de Bush.
«El objetivo de los refuerzos fue contribuir a una reconciliación política. No hay una reconciliación política», denunció el domingo el senador demócrata Joseph Biden, precandidato para las elecciones presidenciales de 2008.
Varios legisladores estadounidenses visitaron Irak recientemente, como el influyente senador republicano John Warner, que a su regreso de Bagdad a fines de agosto exigió un retiro de las tropas norteamericanas antes de Navidad, como presión al gobierno iraquí para que asuma mayores responsabilidades.
En julio, el senador republicano con mayor peso en la política extranjera, Richard Lugar, clamó por la creación de un foro diplomático sobre Irak seguido de un retiro de la mayor parte de las tropas estadounidenses en unos meses. La situación en Irak es percibida cada vez más negativamente por los estadounidenses, tras cuatro años de la guerra que ha provocado la muerte de más de 3.700 de sus soldados y de decenas de miles de civiles iraquíes.
Según un sondeo reciente, una mayoría de 60% dijo haber perdido la confianza en Bush desde el inicio de la guerra.
La reanudación hoy de las sesiones del Congreso tras el receso de verano (boreal) estará marcada por una serie de audiencias destinadas a preparar el terreno para el informe sobre la situación en Irak que la Casa Blanca debe entregar a más tardar el 15 de setiembre.
El general David Petraeus, comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, y el embajador de Washington en Bagdad, Ryan Crocker, deben también rendir cuentas de la situación ante el Congreso en audiencias públicas en la semana del 9 de setiembre.
Aunque controlan el Congreso, los demócratas fracasaron en varias oportunidades al intentar forzar al gobierno de Bush a iniciar un retiro de tropas. Pero volverán a la carga esta semana y atacarán a la Casa Blanca con sus propios argumentos, alegando que la razón de los refuerzos fue inicialmente promover reformas políticas, actualmente estancadas.
Y seguramente se apoyarán en un informe del GAO, organismo legislativo de control de la acción gubernamental. Según el borrador del texto revelado por la prensa, el gobierno de Irak tiene un serio atraso en el cumplimiento de los objetivos fijados por el Congreso estadounidense.
Los demócratas se basarán en el informe, sin duda menos optimista que los informes de Petraeus y Crocker, para acusar a la Casa Blanca de presentar una visión demasiado diferente de la realidad en el terreno.
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