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La arenga pública de Bush se produce días después de que el presidente egipcio, Hosni Mubarak, sugiriera que buscaría un quinto mandato de seis años.
En su discurso de asunción el mes pasado, Bush prometió propagar la «libertad» y estar con los oprimidos contra las «tiranías».
A los responsables sauditas, que se sintieron aludidos, las palabras de Bush les sentaron mal. «El presidente Bush sabe que el proceso de reformas necesita tiempo», declaró ayer Abdel Aziz al Fayez, miembro del Majlis al Shura, una especie de parlamento designado, sin poder legislativo, en un reino cada vez más preocupado por su supervivencia.
En tanto, las palabras más duras llegaron desde Irán, el país de la región sobre el que EE.UU. ejerce más presión. El guía supremo de Irán, el ayatollah Alí Khamenei, acusó al estadounidense de querer « destruir la República Islámica». «Estados Unidos es una de las cabezas del dragón de la opresión mundial, que posee siete y cuyo cerebro no es otro que las compañías y los capitalistas sionistas, y no sionistas que eligieron a Bush para garantizar sus intereses», afirmó el ayatollah Khamenei, según la televisión estatal.
Para Bush, Irán «sigue siendo el principal patrocinador del terrorismo en el mundo» que intenta fabricar «armas nucleares mientras priva a su pueblo de la libertad que busca y merece».
También hubo reacciones desde Siria, país al que el mandatario estadounidense llamó a «poner fin a todo apoyo al terrorismo y a abrir la puerta a la libertad». «Los responsables norteamericanos deben convencerse de que las presiones a Siria son ineficaces», respondió el Mahdi Dajlala, ministro sirio de Información.




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