Gobierno de Francia impulsa duro plan contra la inmigración ilegal
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Este organismo estará dedicado "exclusivamente" al desmantelamiento de redes de clandestinos y a las reconducciones a la frontera, que De Villepin desea elevar a 20.000 este año, frente a 16.000 en 2004.
Asimismo, se creará un fichero nacional de certificados de acogida para controlar mejor las entradas de extranjeros, se definirá la política de concesión de visados de corta duración y la lista de países seguros para tratar las demandas de asilo.
Además, se agilizará la extensión de visados biométricos, es decir con 'chips' de computadoras que contengan información como una imagen del portador o sus huellas dactilares.
La entrada de extranjeros en el país es una de las principales inquietudes de la opinión pública francesa.
Este plan del ministerio de Interior, elaborado por orden del presidente francés Jacques Chirac, se hace público en vísperas del referéndum sobre la Constitución europea, que se celebrará el 29 de mayo y frente al que la sociedad francesa está muy dividida.
Su publicación coincide además con la reunión el jueves de ministros del Interior del G5 (Francia, España, Alemania, Italia y Reino Unido) en París consagrado a la seguridad y control fronterizos.
De Villepin aseguró que el plan prevé "el fortalecimiento de la cooperación europea, en particular para el control de las fronteras". "No hay divergencias entre los países europeos sobre la necesidad de un mejor control de la inmigración irregular. La mayor parte de los países, en particular Alemania, España, Francia, el Reino Unido e Italia, comparten las mismas exigencias sobre estos temas", garantizó De Villepin.
En 2003, últimas cifras disponsibles, 217.000 extranjeros fueron admitidos legalmente en el territorio francés, es decir un 23% más que en 1997.
De este total, 53.000 personas se beneficiaron de un permiso por haberse casado con un francés o con un extranjero residente legalmente en Francia. "Si la inmigración irregular aumentó en un 20% desde hace siete años es debido a estos matrimonios (...) Por tanto vamos a cambiar el código civil para que un matrimonio en el extranjero no siempre pueda ser recnocido aquí", aseguró De Villepin.
Las reacciones a este plan no se hicieron esperar. El líder de la ultraderecha, Jean Marie Le Pen, presidente del Frente Nacional, lo calificó de "demagógico" ya que no incluye ninguna medida legislativa.
Por otra parte, la Liga de derechos humanos consideró que "no solucionará el problema", convertirá a los extranjeros en "chivos expiatorios", y aumentará la xenofobia en el país.
"El ministerio de Interior engaña a los franceses cuando afirma que la represión es una solución humana y eficaz", aseguró este movimiento.



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