Golpe de Estado en Egipto: las FFAA desplazaron al presidente Mursi

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Las Fuerzas Armadas de Egipto derrocaron al presidente islamista Mohamed Mursi, abriendo paso a celebraciones en las calles y al prospecto de nuevas elecciones después de que una serie de líderes políticos respaldara una transición en el país del norte de Africa.

Mohamed Mursi fue separado de su equipo con el que se encontraba detenido en un edificio militar y trasladado solo al ministerio de Defensa, anunció a la AFP un alto responsable de los Hermanos Musulmanes.

"Mursi fue separado de su equipo y conducido al ministerio de Defensa", declaró Gehad al Hadad, responsable en el seno de la cofradía, que anteriormente informó de que Mursi y su equipo se encontraban detenidos en un edificio militar.

Mientras tanques y tropas aseguraban el área en la que se encuentra, decenas de miles de manifestantes de los Hermanos Musulmanes, el movimiento del ahora ex mandatario, se congregaron en una protesta contra su remoción.

El dramático derrocamiento de Mursi tras haberse convertido en 2012 en el primer presidente electo democráticamente de Egipto marcó otro giro en las turbulencias que han remecido a la nación más poblada del mundo árabe en los dos años tras la caída de Hosni Mubarak.

El jefe negociador de los liberales con las Fuerzas Armadas, el exdiplomático de Naciones Unidas Mohamed ElBaradei, dijo que el programa acordado con los generales durante negociaciones el miércoles garantizaría la continuidad de la revolución popular del 2011.

Tras anunciar que se trataba de un mandato del pueblo, que protestó en masa contra la crisis política y el estancamiento económico durante la administración de los Hermanos Musulmanes, el jefe de las Fuerzas Armadas, el general Abdel Fattah al-Sisi, dijo que Mursi no había cumplido con las demandas para establecer la unidad nacional.

"Quienes estuvieron en la reunión acordaron una hoja de ruta que incluye pasos iniciales para alcanzar la construcción de una sociedad egipcia fuerte que sea cohesiva y no excluya a nadie y ponga fin a el estado de tensión y división", declaró Sisi durante un solemne discurso trasmitido en vivo por televisión.

El general dijo que las fuerzas de seguridad mantendrían el orden.

Durante su discurso, Sisi estaba rodeado por el alto comando militar pero también por un importante clérigo, el Papa de la Iglesia Copta, y líderes políticos que iban desde liberales a islamistas estrictos que representaban al Partido Nour. También estaban presentes líderes juveniles que fueron mencionados especialmente por el general.

La agencia estatal de noticias informó que las fuerzas de seguridad arrestaron a los líderes de los influyentes Hermanos Musulmanes.

Referencias a la voluntad popular y la presentación de un frente de unidad política compuesto por civiles - que será definido el jueves con la juramentación del presidente de la corte constitucional como jefe de Estado interino - claramente apuntaban a disipar preocupaciones de la comunidad internacional sobre la permanencia en el poder de los militares.

Estados Unidos había respaldado las afirmaciones de Mursi respecto a que era el líder legítimo de Egipto, pero en los últimos días empezó a insistir en que el presidente compartiera el poder con sus rivales políticos.

Washington financia a las Fuerzas Armadas que dirige Sisi con unos 1.300 millones de dólares al año y podría enfrentar cuestionamientos sobre la imposición de sanciones si Mursi es considerado como víctima de un golpe militar.

Al igual que la vecina Israel y otras potencias, Estados Unidos observa ansiosamente a Egipto, con sus 85 millones de habitantes, sus poderosas Fuerzas Armadas y el control del Canal de Suez, con la esperanza de que el país pueda estabilizarse pronto.

En un reflejo de las expectativas de una "juventud revolucionaria" que buscó la caída de Mubarak, sólo para ver a la maquinaria electoral de los Hermanos Musulmanes dominar la nueva democracia, el joven activista que terminó siendo un némesis extraordinario de Mursi dijo que el nuevo periodo de transición no debería repetir los errores del pasado.

"Queremos construir un Egipto con todos y para todos", dijo Mahmoud Badr, el periodista de 28 años que tuvo la idea hace dos meses de exigir la renuncia de Mursi. El fin de semana pasado, el movimiento "Rebeldes Tamarud!" contaba con 22 millones de partidarios, muchos de los cuales salieron a las calles el miércoles.

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