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17 de octubre 2007 - 00:00

Gran Bretaña: el "nuevo laborismo", una muralla

La izquierda perdió hace largo tiempo en el terreno de las ideas; ahora, al menos en Europa, también pierde en las urnas. Francia es gobernada por el conservador Sarkozy, mientras los socialistas se desangran en peleas internas (y hasta conyugales). La alemana Angela Merkel lidera una coalición conservadorasocialdemócrata cada vez más volcada en favor del primero de sus componentes. En Gran Bretaña, hace mucho el Laborismo adoptó las ideas económicas de Margaret Thatcher y, encima, está ahora abajo 7 puntos de los conservadores en las encuestas, al punto que el premier Gordon Brown debió renunciar a anticipar los comicios. En Italia, la caída de Romano Prodi y su reemplazo por Silvio Berlusconi parece cuestión de tiempo. Sólo resiste Rodríguez Zapatero, pero su permanencia en el poder en marzo próximo dista de estar garantizada en una España cada vez más polarizada.

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Gordon Brown
Londres - Las apariencias dicen que la izquierda británica nunca ha gozado de tan buena salud. En el poder desde hace 10 años, el Nuevo Laborismo ha logrado el milagro de profundizar las reformas de Margaret Thatcher, corrigiendo algunos de sus excesos y sacralizando la estabilidad presupuestaria como base imprescindible para redistribuir la riqueza entre las clases bajas.

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Tony Blair y Gordon Brown propiciaron un movimiento tectónico de la izquierda británica hacia el centro que ha devorado uno tras otro a tres líderes conservadores, incapaces de combatir a un enemigo que ofrecía al electorado propuestas cada vez más parecidas a las suyas revestidas de un glamour que no tenían ni William Hague ni Iain Duncan Smith ni Michael Howard.

Por la izquierda, sólo la guerra de Irak logró el milagro de resucitar a los críticos con el proyecto de Blair. Algunos, enganchados en el tren extravagante de los liberal-demócratas, una especie de guirigay de ecologistas, pacifistas, neoliberales y socialdemócratas. Otros, refugiados en los últimos bancos del Parlamento o, como Ken Livingstone, compartiendo mesa y mantel con Hugo Chávez desde su reino de Taifas de la Alcaldía de Londres.

Hay quien creyó que el relevo de Blair por Brown iba a traer un viraje a la izquierda, pero nada se ha visto por ahora. El único signo se produjodurante la lucha por el viceliderazgo del laborismo,en el que los seis candidatos competían puerilmente por cortejar a los elementos más recalcitrantes del partido.

Gordon Brown tuvo incluso que dar un toque de atención a los contendientes, desatados en el afán de presentar credenciales izquierdistas. De todas formas, el futuro de la izquierda británica no parece estar fuera del laborismo. Al menos, como opción de gobierno.

Los jóvenes cachorros del partido, como los hermanos Miliband o el matrimonio Ed Balls-Yvette Cooper, son tanto o más moderados que sus mayores. Existe un activismo periférico de ecologistas, pacifistas y antiglobalización, pero sin posibilidades aparentes de escorar un día el partido hacia extravagancias, lejos del Nuevo Laborismo.

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