4 de septiembre 2002 - 00:00

¿Hay conexión entre Irak y la red Al-Qaeda?

Como archivillanos que son, parece lógico suponer que a Osama bin Laden y a Saddam Hussein les sobren razones para colaborar. Sus intereses comunes abarcan no sólo el mismo odio hacia Israel y la hostilidad contra la monarquía saudita, sino también una acérrima enemistad contra EE.UU. Hay claros indicios de que ambos han experimentado con agentes químicos y biológicos y se los considera perfectamente capaces de usarlos. En tanto que Al-Qaeda aún busca cómo hacerse con armas de destrucción masiva, los servicios de inteligencia occidentales creen que Irak ya las posee. Si esto es cierto, lo lógico sería que Bagdad se relacionara con la red de Bin Laden, ya que si Saddam quisiera usar su arsenal contra EE.UU. y sus aliados sin verse implicado, ¿por qué no encargar un trabajo así a Al-Qaeda?

Al menos ésa es la teoría especulativa que está formulando la línea dura en el gabinete de Bush, como parte de su campaña para persuadir al presidente a dirigir hacia Bagdad su guerra contra el terrorismo. Si se demostrara un nexo directo entre Irak y Al-Qaeda o, más aún, que Saddam hubiera sido cómplice en los ataques del 11 de setiembre, la línea dura tendría una razón contundente para lanzar una guerra de inmediato.

En un contexto en el que los aliados de EE.UU. prefieren guardar distancia, los republicanos más prudentes instan al comedimiento y la opinión pública se muestra inquieta ante los planes belicistas, la línea dura hizo correr rumores de una alianza entre Saddam y Bin Laden. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, afirmó que Saddam protege a «efectivos de Al-Qaeda que están dispersos en varias poblaciones iraquíes, y me parece difícil creer que Bagdad no sepa lo que está ocurriendo dentro de su país». Otro funcionario del Ministerio de Defensa declaró al diario «The Washington Post» que entre estos efectivos «hay varios nombres conocidos», una aseveración peculiar cuando el único nombre que la opinión pública conoce es el de Bin Laden. Fuentes del Pentágono filtraron que el gobierno estadounidense había considerado un plan para enviar comandos al norte de Irak, una región dominada por los kurdos, aunque al final decidió no hacerlo. El objetivo habría sido destruir un laboratorio clandestino de armas químicas en poder de Ansar al-Islam, un minúsculo grupo fundamentalista cuyas filas posiblemente se están engrosando con militantes de Al-Qaeda que huyeron de Afganistán.

Para quienes quieren promover la invasión estadounidense de Irak, estos datos son prueba suficiente de la conspiración. Rumsfeld insinuó que el obtener pruebas definitivas de este vínculo es sólo cuestión de tiempo: «Tal vez valga la pena discutir esta cuestión en público, aunque no ahora».

Por lo pronto, las sospechas sobre una alianza Bagdad-Bin Laden son sospechas y nada más, donde los mismos datos se reinterpretan periódicamente.

¿Por qué, entonces, la línea dura del gobierno afirma que sí lo están? Un funcionario del Pentágono concuerda en que docenas de refugiados de Al-Qaeda están en Irak, incluyendo «nuevos efectivos de nivel medio», pero según un alto oficial de inteligencia «Irak no está ocupando el lugar de Afganistán como santuario de Al-Qaeda». Muchos de los refugiados son fundamentalistas kurdos que vuelven a su país natal, o árabes afganos, quienes se han infiltrado en norte de Irak, un territorio dominado por los kurdos. Esta es una región sobre la que Bagdad no tiene control al quedar en la zona de no vuelo que estableció EE.UU. desde la Guerra del Golfo. Funcionarios de inteligencia declararon que aunque posiblemente Bagdad sabe de su presencia, no hay pruebas de que Saddam tenga contactos sustantivos con ellos.

Ultimamente, la línea dura de Washington ha concentrado sus ataques verbales en Ansar Al-Islam, una organización extremista que, según los
halcones, sirve de vínculo entre Bagdad con Al-Qaeda. Se trata de un grupo que ha existido con diversos nombres desde la década pasada. Su líder, el clérigo musulmán Najmadin Fatah, que opera bajo el seudónimo de mullah Krekar, se inspiró en los mujaidines afganos para iniciar una rebelión contra las dos facciones seculares que dividen al Kurdistán iraquí. Krekar, quien viaja con pasaporte noruego, es un veterano conocido entre los extremistas islámicos por su crueldad. «No está en sus cabales», comenta un oficial de la inteligencia kurda. «Disfruta matando».

Hace dos años Ansar Al-Islam adoptó su forma actual, proclamándose «Soldados de Dios». Es casi seguro que tiene entre sus filas efectivos entrenados en los campos afganos de Al-Qaeda. Como es muy posible que Bin Laden reclutara algunos de ellos, sería factible suponer que ahora Ansar Al-Islam cuenta con combatientes de Al-Qaeda en busca de una nueva base. Según los funcionarios kurdos, el grupo cuenta con unos 700 efectivos, aunque según la inteligencia estadounidense apenas suman poco más de 100.

• Operativo


La acusación más contundente, que el columnista William Safire volvió a formular en el «The New York Times», es que Saddam es secretamente el verdadero líder de Ansar Al-Islam. Según Safire, quien no nombra sus fuentes, un operativo de la inteligencia iraquí y un agente de Bin Laden intentaron asesinar a la cúpula secular en el Kurdistán iraquí, pero fueron apresados por las fuerzas kurdas antes de llevar a cabo el ataque. Safire también afirma que agentes de Saddam patrocinaron a Ansar cuando el grupo intentó fabricar armas venenosas. Los informes de estos intentos fallidos llegaron hasta el Pentágono.

En abril, Ansar intentó llevar a cabo un atentado contra el primer ministro de una facción kurda, cuando el subsecretario de Estado de EE.UU., Ryan Crocker, estaba de gira en la región. El atentado fracasó, pero demuestra que Ansar desea tanto como Saddam destruir el liderazgo kurdo secular y pro estadounidense, aunque el dictador de Bagdad no parece ejercer control alguno sobre los militantes kurdos islámicos.

Los
halcones estadounidenses también señalan hacia pruebas circunstanciales. En EE.UU. se ha tratado de confirmar desde fines del año pasado un informe de la inteligencia checa, según el cual Mohamed Atta, uno de los participantes en el atentado del 11 de setiembre, se habría reunido en Praga con un agente de la inteligencia iraquí durante abril de 2001. Tanto el FBI como la CIA lo niegan, pues según sus propias investigaciones Atta estaba en Florida dos días antes de la supuesta reunión, y no se ha descubierto ningún boleto o expediente bancario del terrorista que demuestre un viaje rápido a Praga. A principios de este mes, el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, y algunos oficiales del Pentágono se reunieron con el especialista en contraterrorismo del FBI Pat D Amuro, para volver a hablar del reporte checo. Tanto el Pentágono como el FBI, niegan que Wolfowitz haya presionado para obtener confirmación de que el encuentro realmente tuvo lugar, pero el FBI admite que el subsecretario logró demostrar que la reunión cuando menos pudo ser posible.

Otras fuentes de sospechas provienen de desertores iraquíes. Un ex oficial militar, ahora bajo la protección del Congreso Nacional Iraquí, ha repetido ante funcionarios y periodistas estadounidenses su versión de lo que ocurre en el campo de Salman Pak, en las afueras de Bagdad. Según el refugiado, se trataría de una escuela dirigida por la policía secreta de Irak para entrenar a terroristas de todo el mundo árabe. Entre otras cosas, el ex oficial afirma que en el campo se usa el fuselaje de un Boeing 707 para practicar secuestros aéreos.

Otros argumentos utilizados por la línea dura parecen aun más especulativos. Hablan de una visita que Ayman Al-Zawahiri, mano derecha de Bin Laden, supuestamente hizo a Saddam en 1992. Pero por entonces Zawahiri dirigía la Yihad Islámica de Egipto y aún no se había incorporado a Al-Qaeda. La CIA tampoco ha podido corroborar esta reunión con Saddam, especialmente en una época cuando Bagdad intentaba mejorar las relaciones con el presidente Hosni Mubarak, blanco principal de Zawahiri.

El mercenario Mohamed Mansour Shahab, capturado por los kurdos, y quien dice haber colaborado con la policía secreta de Saddam, afirma que en 1999 Irak le pagó para pasar como contrabando a Afganistán varias cápsulas refrigeradas con líquidos, destinadas para los talibán. Shahab no sabe si se trataba de armas químicas o biológicas, y la inteligencia de EE.UU. no ha podido corroborar este reporte. Lo único prudente es esperar a que la inteligencia norteamericana demuestre que Saddam realmente está formando una red terrorista en contra de EE.UU. Los belicistas dañan su propia causa cuando alegan sin fundamento que hay nexos entre Bin Laden y Saddam. En última instancia, están minando razones más sólidas para derrocar a un peligroso dictador. El vínculo con Al-Qaeda parece demasiado tenue para justificar una guerra contra Irak. Si al presidente realmente le preocupa preservar la credibilidad de su país, necesita argumentos más persuasivos para demostrar que esta guerra realmente es necesaria.

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